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#1 12 Días el Vie Dic 09, 2011 9:18 pm

Khaizen

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Aquí os dejo mi primer aporte que no es otra cosa que una pequeña historia que estoy escribiendo en mis ratos de aburrimiento e inspiración. Iré colgando periódicamente capítulos, no sé cómo de largos ni cada cuánto tiempo. Quiero comentaros que no tiene nada que ver con un proyecto, sólo es una historia dividida en capítulos. Espero que os guste.

12 Días
Prólogo
Spoiler:


Pisada tras pisada, las negras botas de aquel hombre aplastaban la nieve que crujía bajo él. Lento y monótono caminaba por las heladas aceras nocturnas de la ciudad, callejeando cabizbajo mientras fumaba uno de sus cigarros de papel marrón. Llevaba las solapas del cuello alzadas y pegadas a la cara para contrarrestar el frío aire que soplaba por las tenebrosas callejuelas. Vestía de negro completamente, desde su sombrero fedora hasta las botas de cuero. Lucía unos pantalones azabaches, camisa blanca con corbata negra y, sobre ellas, un chaleco bruno; por encima de todo, un redingote largo hasta las rodillas, también oscuro. En su cara se hallaban unas pequeñas gafas de sol redondas que ocultaban por completo sus ojos y, en sus manos, unos guantes de cuero del mismo color que el resto de su atuendo.

Andaba sin rumbo fijo, sólo movía sus pies uno tras otro mientras que en su mano derecha portaba lo que parecía un pesado maletín de piel negra. El cierre del mismo estaba compuesto por una combinación de 7 dígitos y los soportes de apertura y bisagras estaban claramente reforzados. La parsimonia en el andar de aquel hombre era clara, parecía no tener prisa por llegar al lugar al que se dirigía.

Tomó, entonces, un lóbrego callejón sucio y mojado por la nieve derretida en donde se topó con tres jóvenes borrachos, tambaleantes y desorientados. El más cercano a él le miró con desdén, soberbia y socarronería mientras los otros se apoyaban contra la pared embriagados de alcohol.

― ¡Eh! ¡Tú! Ven aquí un momento… ¿Qué ­llevas… en ese maletín? –dijo mientras caminaba hacia el hombre, zigzagueando.

El ennegrecido individuo no cesó en su marcha y pasó de largo al joven borracho, ignorándolo. Éste, ofendido, se giró furioso y le agarró del brazo mientras sacaba del bolsillo interno de su chaqueta una navaja automática.

― ¡¿Cómo te atreves a ignorarme basura?! ―vociferó mientras retraía el cuchillo para asestar una puñalada. El hombre, sin apenas inmutarse, giró y esquivó ágilmente el golpe mientras agarraba la muñeca de la mano con la que su adversario sostenía la navaja; con un gesto seco, retorció la extremidad del joven y le rompió la articulación tras un crujido, haciendo que gritase de dolor y soltara el puñal. Seguidamente, el hombre soltó tranquilamente el maletín en el suelo sonando, al chocar contra la superficie, duro y macizo; miró fijamente al muchacho que no paraba de quejarse y llorar de dolor, metió su mano libre dentro de su redingote y detalló susurrando…

― El dolor es inevitable… el sufrimiento es opcional… ―dicho esto una bala atravesó el cráneo del joven desde la mandíbula hasta la parte superior, reventándolo posteriormente y convirtiéndose en un amasijo de sesos deshechos y sangre. El hombre soltó la muñeca del joven dejando caer el cuerpo exánime.
Posteriormente se giró y miró a los dos acompañantes que observaban atónitos la imagen; uno de ellos, horrorizado por lo que acababa de ver, vomitó descontroladamente mientras que el segundo salió corriendo, torpe y desorientado. El hombre, alzó de nuevo el arma con la que acababa de matar al primer muchacho, una MK23 del calibre .45 con silenciador y munición de bala hueca, apretó el gatillo y perforó la garganta del joven salpicando el muro contiguo de sangre. El joven cayó al suelo abatido mientras sus ojos reflejaban la más profunda angustia.

Inmediatamente, el hombre se acercó pasivo al tercer muchacho que sollozaba horrorizado mientras se intentaba esconder entre los contenedores de basura. Lo miró serio mientras el joven suplicaba por su vida.

― No me mates por favor, no te he hecho nada, te lo suplico déjame ir ¡¡No merezco morir!! ―gritó llorando y casi ininteligible.

―La muerte es un castigo para algunos, para otros un regalo, y para muchos un favor… Considera que te estoy haciendo un gran favor… ―y tras esto, volvió a apretar el gatillo atravesando la cabeza del joven y creando, posteriormente, un reguero de sangre que se uniría a los de sus compañeros y concluirían sinuosos en las vaporosas alcantarillas del callejón.

El oscuro individuo guardó en el interior de su abrigo su humeante pistola, se acercó a su maletín y reanudó su marcha perdiéndose en la niebla del tenebroso callejón con una mueca sádica en su rostro.

Capítulo Uno - Veneno de Taipan
Spoiler:


“Servimos en la Élite durante 11 largos años. Por lo general nadie dura tanto, pero nosotros estábamos hechos de otra pasta; éramos duros, rápidos y letales, jamás fallábamos una misión en la que fluíamos como sombras resbaladizas en un muro, y golpeábamos con la precisión de un reloj suizo. No dejábamos rastro ni pistas, como si nunca hubiésemos estado allí… como si jamás hubiéramos existido…

Fue un 31 de Diciembre, el día de año nuevo estaba próximo y nuestro objetivo era un ostentoso magnate y su fiesta de fin de año. Debíamos colarnos en su mansión haciéndonos pasar por una pareja amiga de nuestra víctima… sencillo y simple. No había explicaciones ni razones, sólo una foto y una forma de morir. Nos acercamos, mi compañera y yo, engalanados con nuestros mejores trajes, a la altura del más alto standing, nos aproximamos a otra pareja que se dirigía también a la fiesta y tropezamos con ellos a propósito para poder hurgar entre sus atuendos y hacernos con sus invitaciones. Tras las disculpas de turno, nos alejamos de ellos y nos dirigimos a la puerta donde un mastodonte con cara de pocos amigos tendía la mano replicando los pases pertinentes. Se los dimos y entramos, el ambiente era cálido y distendido, en donde las damas exhibían sus sortijas de diamante como si de una joyería de ambulante se tratase. Lujo y grandiosidad era el hedor que se olfateaba en aquel lugar lleno de camareros con amplia sonrisa sirviendo champán y excesiva decoración navideña, aderezada con una chimenea natural de leña seca rodeada por rechonchos hombrecillos de fino bigote y voz estridente, riendo con desdén y dando golpecitos en la espalda de los camareros mientras les pedía otra copa.

Buscamos discretamente a nuestro hombre, en un principio debía ser fácil reconocerle: metro sesenta y ocho de altura, noventa y seis kilos, moreno de pelo medio engominado hacia atrás, tez morena, ojos oscuros, mandíbula ancha sin barba… Lo malo es que ese prototipo de hombre parecía reinar en aquella sala, me parecían todos asquerosamente iguales.

Al poco tiempo de haber entrado, cierto personaje apareció como de la nada mostrándose ante nosotros vestido completamente de blanco. Al grito de «¡Feliz navidad y próspero año nuevo!», fue descendiendo por las escaleras de alfombra roja y adornos dorados, con los brazos en alza y una amplia sonrisa falsa. Llegó hasta el que parecía un conocido suyo, al que abrazó y comenzó a hablar. Mientras, mi compañera y yo, nos pusimos en marcha; nos acercamos a él mientras nos agenciábamos un par de copas del amargo champán que allí servían y preparábamos la retahíla con la que lo convenceríamos para guiarlo a su fatal destino.

Vi como mi acompañante tomó la delantera, de forma casi literal y en todos los aspectos de la palabra, ofreciéndole una de las copas de champán que llevaba además de una vista privilegiada de su busto con el que el ricachón pudo deleitarse, aunque para ello mi compañera tuviese que inclinarse casi en ángulo recto. Se presentó como la representante de su invitado, al que achacó como escusa de su ausencia una grave enfermedad, y a mí como su escolta. Mientras ella hablaba y alababa con elocuencia su persona, yo oteaba la situación y simulaba mantenerme al margen aun estando pendiente en todo momento de la conversación. Mi compañera emulaba una actitud provocadora para así moldear y manejar la situación a través de los instintos más básicos de un hombre, cosa que odiaba pero que se le daba fabulosamente bien ya que combinaba a la perfección con su esbelta figura.

No queríamos desentonar, por lo que toda acción debía ser llevada a cabo allí mismo, no podíamos llevarlo fuera ni a ningún sitio que provocara sospechas por los demás invitados, así que sin más demora y mientras ella no paraba de agasajarle y coquetearle con el fin de distraerle, yo vacié una pequeña ampolla con una mezcla experimental de suero y veneno de Taipan en su copa. Esta mezcla, alterada químicamente para su actuación retardada y su sabor insípido, seda primeramente a la víctima y, una vez dormida, causa fallos respiratorios, cardíacos, renales, musculares y nerviosos hasta provocar una muerte silenciosa tras unos veinte minutos de agonía. Tras la muerte, el cuerpo libera una serie de toxinas en las cuales viajan los restos del veneno limpiando todo rastro del mismo en el organismo.

Al poco tiempo de verter el veneno en su champán, una pequeña tropa de elegantes hombres se acercó hacia nosotros, sonrientes y relajados con el fin de entablar conversación con el anfitrión y así presentarles a su exuberante acompañante. Ésta desistió excusándose de charlatana y entrometida ya que hablarían de importantes asuntos no pertenecientes a su persona, por lo que abandonó el grupo y se reunió de nuevo conmigo. Tras comprobar que se tomó la copa completamente, ambos nos quedamos pululando por la mansión de aquel hombre, paseando por las diversas salas y saliendo de vez en cuando a la terraza a pesar del gélido aire que a veces soplaba.

Disfrutábamos de aquello aun siendo nuestro trabajo y teniendo que estar siempre alerta. Lo tomábamos como un juego, demasiado arriesgado y peligroso, pero con una emoción inigualable, sobre todo cuando todo salía mal y había que improvisar cada gesto, por pocas que se dieran esas situaciones. Hacíamos una buena pareja profesionalmente hablando… aunque a veces no sólo lo veía así.

De pronto oímos un pequeño revuelo que indicaba que las doce de la noche estaban próximas y que todos se preparaban para recibir el año nuevo. El gran reloj de péndulo que oscilaba reluciente estaba a punto de dar por hora la media noche y todos estaban expectantes, por lo que decidimos reunirnos con ellos ya que a esa hora las puertas estaban cerradas y los gorilas de seguridad custodiaban la entrada. La alegría y el jolgorio representados por el exceso de alcohol en las jóvenes parejas de los ricos empresarios que allí se encontraban, se sumaban a la emoción del momento y a la reunión de todos en la misma sala, apiñados como sardinas en una lata. Escasos segundos quedaban para el fin de un año y el comienzo de otro nuevo, todos mirábamos impacientes el péndulo hasta que finalmente se escuchó el grave sonido interno del reloj que marcaba la hora en punto. Todos gritaron, alzaron sus copas y rieron al unísono mientras yo, en un impulso irrefrenable, agarré a mi compañera por la cintura y la besé en medio de la algarabía mientras, al mismo tiempo, serpentinas y confeti de color plata y dorado caían del techo semejante a una lluvia sinuosa y lenta de pétalos. Parecía que el tiempo se ralentizaba y que el ruido se enmudecía. Sólo existíamos ella y yo en ese preciso instante.

Nos separamos despacio, poco a poco, hasta que pudimos mirarnos a los ojos y ver así el rubor que en sus mejillas se hacía patente. Nos quedamos mirándonos fijamente sin decir nada, hasta que de repente uno de los invitados nos tiró encima un rollo desecho de serpentina al grito de «¡Feliz año nuevo!» a la vez que me abrazaba y hacía lo propio con ella.

Sin cavilar demasiado, no quise nombrar lo ocurrido y recordé de nuevo nuestro objetivo. Pasada la excitación del momento y una vez relajados todos, dispusimos de irnos con el resto de parejas atribuyendo nuestra marcha a la tardía hora. Nos despedimos del pródigo como si tal cosa y nos acercamos al coche que nos habían cedido para la misión, cuyas puertas estaban siendo abiertas por los aparcacoches del magnate. Ella entró y posteriormente lo hice yo, nos dirigimos a la salida en conjunto a los demás vehículos que se marchaban. Tomamos la carretera principal y descendimos por el sinuoso camino asfaltado de la ladera. Era muy tarde y había niebla, el tramo era estrecho y húmedo debido al relente. De repente, las dos ruedas del lado derecho del coche reventaron y perdí el control. Chocamos contra el quitamiedos que nos separaba del barranco y lo atravesamos, por unos segundos pudimos sentir que flotábamos en el aire para posteriormente estrellarnos brutalmente contra el suelo barroso… se hizo el silencio…

Desperté cansado y abatido, mire a mi derecha y vi que ella estaba inconsciente, tenía una brecha en la cabeza por donde su sangre fluía ondulante y recorría su cara. Por suerte el airbag saltó y amortiguó gran parte de los golpes. Me sentía muy mareado y confuso. La zarandeé con suavidad para que se despertase y di gracias al cielo cuando vi abrir sus ojos y nombrarme con voz quebrada. Pregunté por su estado y me respondió que bien, preguntó ella por el mío y no supe que responder. Estaba completamente magullado y dolorido, mi voz se quebraba constantemente y me resultaba difícil respirar, me dolía cada parte de mi cuerpo. Retiré el airbag, cada vez más desinflado, y fue entonces cuando me di cuenta de que parte de la carrocería del coche se introducía en mí. El golpe había abollado la parte delantera izquierda a causa del declive lateral de la pendiente, haciendo que esta se hundiese hacia la parte del conductor. Mi abdomen estaba empalado por un robusto saliente metálico y atascado con el asiento ya deforme. Pronto empecé a toser sangre, a marearme más y a nublárseme la vista. Ella se dio cuenta, me pedía que le hablase y la mirase, sus preciosos ojos empezaron a borbotar lágrimas que se mezclaban con la sangre dando como resultado un caldo rojizo y salado. Fue lo último que vi antes de que todo se apagase, lo único que recuerdo de este infausto mundo… sus ojos que brillaban en la oscuridad.

Al día siguiente la notica más sonada sería la muerte por infarto que sufriría un rico empresario el primer día del nuevo año, pero nada se supo de aquel que le dio caza ya que también partió esa misma noche, entre el silencio de la madrugada y los llantos de su amada.”


Saludos, Khaizen.



Última edición por Khaizen el Dom Dic 11, 2011 2:17 am, editado 4 veces

#2 Re: 12 Días el Vie Dic 09, 2011 11:58 pm

Cuervoso

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Que puedo decir, las dos narraciones son unas verdaderas obras maestras, daré mi opinion por separado de cada una de ellas. Las colocaré en Spoiler para que los que tengan el agrado de leer las historias no sepan lo que ocurrirá dentro de ella.

- Prologo :

Spoiler:
Lograste un gran ambiente desde la primera palabra que escribiste, sin duda te puedes imaginar una calle en la noche, fría, nevada y oscura, con unos focos que no logran iluminar toda la oscuridad que rodea a esta. Al personaje vestido de negro, rodeado por atmósfera de misterio, a lo Max Payne.

Todo fantásticamente genial, toda la narración esta perfectamente redactada, describiendo cada acción con completo detalle, lo que hace que el lector no tenga problemas para imaginarse la situación.

Lo único que podría mencionar en contra es que en mi opinión, el personaje al usar un arma de gran envergadura, como lo es la pistola Desert Eagle, que además, en este caso usa munición de Cal .50 (también te falto colocar el "punto" xD, si esta fuese calibre 50 sería una munición de artillería), el arma sería plenamente visible, y el silenciador haría que sobresalga aun más, contando también que una munición Calibre .50 aun usando silenciador hace mucho ruido, te lo dice alguien que ha practicado también tiro deportivo desde los 7 años xD. En mi caso, usaría una Glock-22 del .40, la legendaria Beretta de 9mm, una Socom Mk23 del .45 o quizas una Desert Eagle del .30 que no causa tanto ruido como la de .50 .

En fin, es solo un detalle, si quieres lo aceptas, pero si quieres estilo, en mi opinión podrías colocarle la misma Desert Eagle pero con Cal .30 , solo eso.

Capitulo Uno - Veneno de Taipan

Spoiler:
Esta vez decidiste usar una narración en primera persona... una buena opción para hacer énfasis en el Protagonista, mostrar lo que el siente y lo que ocurre con el, solo dando observaciones de lo que ocurre a su alrededor. Me gusta este tipo de narración.

Esta es tan buena como la anterior, buena recacción y explicas perfectamente todas las acciones de los personajes.
Me hizo recordar a James Bond xD. El personaje tiene completa confianza en sus habilidades, se toma el oficio sin preocupaciones.

En la forma en la que el personaje hablaba no me esperaría que este tuviese tal destino., además que todo sucedió tan repentinamente, le dio un gran vuelco a la historia.

No tengo mas que agregar, simplemente un trabajo digno de ti. Espero que continúes actualizando tu historia en el foro. Muchas Gracias.

Saludos!



Última edición por DarkRaven el Sáb Dic 10, 2011 10:49 pm, editado 1 vez

#3 Re: 12 Días el Sáb Dic 10, 2011 5:00 pm

Khaizen

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DarkRaven gracias por tu comentario, me alegra que te haya gustado. Comentaré un par de cosillas también en spoiler para no desvelar nada:

Spoiler:

Lo primero decirte que gracias por la información y las correcciones sobre las armas, ya que no ando muy puesto en ese tema. La verdad es que estuve investigando ya que quería un arma potente para el protagonista y descubrí que las Desert Eagle lo son. Pero cuando entré en el tema del calibre pues me perdí un poco y puse el .50 por poner uno xD.
Me he puesto a mirar los modelos de armas que has mencionado y al final me he decantado por el MK23 ya que es algo más pequeña y ligera que la Desert Eagle (aunque aún sigue siendo bastante grande debido al silenciador) y también posee un módulo LAM. Realmente el tema del tamaño/peso no es algo que me preocupe, pero sí el del ruido, por eso sí es mejor el usar un calibre menor como el .45.

En cuanto a Veneno de Taipan, decidí que fuese en primera persona ya que es como "el origen" o el comienzo de la historia en sí. Quería contarlo desde la perspectiva de él porque sabía que el lector no se esperaría ese final (o quizás si Ópalo Tuerto).
Gracias por leer. Saludos, Khaizen.

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