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#1 El último cigarrillo(pequeño relato) el Mar Jun 21, 2016 6:58 pm

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TheScarecrow

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Bueno, aquí subo un relato que escribí para un concursillo en otro foro hace relativamente poco, dicho concurso tenía una condición: «en los relatos debe aparecer de algún modo la religión». Espero que esta sea la sección donde se suben este tipo de cosas...


No estoy demasiado contento con el relato porque tuve solo un par de días para escribirlo y estéticamente no me quedó tan bonito como quería, pero... allá va:


La ceniza del cigarrillo consumido caía, delicada, sobre la hierba mientras apretaba el crucifijo en su mano izquierda. El cielo rojizo era aún más impresionante desde aquella colina y, sin los molestos rascacielos, el Sol, ahora negro, acentuaba aún más el terror del paisaje.


«Conque así es como todo acaba, ¿eh?».

El dolor de la mano ya le era ajeno. Su mente estaba demasiado ocupada mirando el cielo y el cráter. El cráter donde hace solo unos momentos estaba la ciudad.

Todavía no podía creérselo. Primero, el cielo empezó a cobrar ese color sangre, ese color que ya parecía que siempre había estado. Poco después el Sol se volvió negro, aunque incluso con ese color siguiera iluminando. Como si nada hubiese pasado.

Pensando en ello, aún no podía creerse su suerte. Tampoco se creía que fuera el único que, en lugar de quedarse contemplando la escena o ignorándola, hubiese salido de la urbe.

El tiempo le acabó dando la razón cuando, tras llevar solo unos minutos contemplando la escena con la única compañía del tabaco y del crucifijo, un fogonazo le tiró hacía atrás, robándole el aliento y dejándolo dolorido. Se levantó un par de minutos después, sin ninguna lesión evidente.

Por supuesto, en el momento en el que alzó la vista sintió un mareo que casi volvió a tumbarlo. La ciudad, en un solo instante, había desaparecido. Fue un shock tan grande que, al inicio, no pudo ni siquiera pensar en todas las personas queridas que habían desaparecido. Como si nunca hubieran existido.

Luego lloró. Lloró por todo. Lloró sobre todo por la idea que le había empezado a rondar la mente. No había sido una simple catástrofe, era el Día. Armagedón. Ragnarok. El día del Fin. Llevaba muchos años ignorando la religión, solo llevando al cuello el crucifijo, que ahora apretaba con anhelo, por haber sido el último regalo de su abuela. Pero, en ese momento, en lo único que pudo pensar fue en las diversas plegarias que había repetido sin parar de niño.

Ahora, tras haberse calmado, solo miraba el firmamento carmesí. Ajeno al resto del terrible paisaje. Intentando no pensar en nada. Disfrutando del último cigarro del paquete y, quizás, de su vida.

Quizás por eso solo los escuchó cuando ya estaban demasiado cerca. Ante los extraños crujidos y silbidos no tuvo más remedio que girarse.
Eran dos criaturas como nunca antes había visto. Altas y delgadas, de un color como la tierra sucia. Andaban sobre dos patas, pero no eran humanos. No. Se negaba a pensar que fueran humanos. Parecían dos masas tumorales vivas y, si bien tenían una boca bajo la que asomaban unos afilados colmillos, no había rastro de ojos. Ni de ninguna otra característica.

Lo primero que hizo fue tirarles el crucifijo mientras entonaba una plegaria de ayuda. El latín sonaba pastoso en su boca, pero al menos se acordaba. Era un milagro.

Las criaturas se miraron entre sí, o al menos se giraron, no había forma de saber si tenían vista, y lanzaron un chillido estridente.

«Una risa. No es humana, pero eso es una risa. Joder».

Cerró los ojos cuando las criaturas siguieron acercándose y dejó de rezar. Estaba listo para lo peor.

—¡Deteneos! —La voz, dulce y juvenil, sonó a su espalda y una escalofrío le recorrió la nuca. Alguien más estaba allí.

Con cuidado, decidió abrir los ojos y vio a las dos criaturas quietas a solo dos metros, en una parodia de un arrodillamiento. Respiró aliviado y se giró para ver la cara de su salvador.

La bilis se le subió hasta la garganta de inmediato. El aspecto del hombre no podía ser más dual: su mitad izquierda era perfecta, una cara agraciada acompañada de un ojo esmeralda y rematada por un ala del blanco más puro en la espalda. La otra mitad era repulsiva, la carne estaba podrida y no se podía diferenciar ningún rasgo. El ala de esa mitad solo tenía huesos negruzcos y llenos de grietas.

—T-t-te han hecho caso. Gracias, creo que te debo una. —seguía notando la acidez en la boca y su cabeza aún daba vueltas intentando asimilar lo que había pasado, pero mantuvo la compostura.

—¿Qué buen perro no obedece a su dueño, Mark Spellin? —El «hombre» torció ligeramente el labio, como si la situación le pareciese graciosa.

—¿Acaso nos conocemos? —dijo, mientras temblaba internamente. Los pensamientos anteriores a la aparición de las criaturas volvían a rondarle la mente y, el aspecto de su interlocutor hacía que su imaginación volase aún más que antes.

—Muchos hombres se jactan de conocerme. Tú entre ellos, pero ninguno lo hace. En cambio yo sé quién eres, Mark Spellin. Tu cara y tu corazón me dicen todo lo que hay que saber de ti. —La voz del hombre fluctuaba como el agua de un río; ora era la suave y juvenil voz que había escuchado al principio, ora era una voz gastada y frágil.

Ambos mantuvieron un momento de silencio. Mark intentó rebuscar en su mente algo que decir, cualquier cosa. Algo que matara la ausencia de palabras, pero la estampa del hombre con el Sol negro y el cielo rojo al fondo le había robado el aliento. Al final, fue el hombre quien habló.

—Sabes, Mark, no esperaba encontrarte aquí. Ni a ti ni a nadie. La vida a veces te sorprende para bien.

—N-no estoy entendiendo muy bien lo que está pasando, señor… —dijo mientras se lamía los labios, ahora secos.

—Samael. Soy Samael y Samael es yo. Y lo que pasa es que los tiempos cambian. —Samael se giró, dándole la espalda para contemplar el cráter—. Los tiempos cambian. El Trono se ha vaciado.

»Cuando digo el Trono no me refiero al de ninguno de vuestros patéticos reinos mortales. Me refiero al Santo Trono, a la morada de Yahvé. Dios ha abandonado la Creación, Mark. Hemos perdido el contacto con el Cielo.

»Y sin contacto con el Cielo no hay flujo de almas, Mark. No tenemos nada. Nuestro reino se cimentaba en las almas, sin ellas no somos nada. Por eso hemos decidido subir nosotros aquí, conseguirlas por nuestra propia mano.

Samael suspiró y volvió a girarse, mirando con su único ojo a las dos criaturas, aún arrodilladas. Mark intentó hablar, pero nada seguía sin poder salir de sus labios resecos. Estaba demasiado asustado.

—Lamentablemente, mis amigos no han sido todo lo sutiles que deberían. Demasiado tiempo sin el placer de alimentarse de un alma atormentada, supongo. Lo que debería haber sido montar nuestro propio paraíso, mantener el flujo nosotros mismos, sin depender de nadie, ha acabado siendo un error. Parece ser que tú eres el único ser que no provenga de los Círculos en la Tierra.

»Ya no se puede mantener el flujo —continuó—, pero encontraremos otro método de saciarnos. Algo más tiene que existir. Quizás hagamos una visita a la Ciudad Blanca, sin Padre por allí cazar palomitas será posible.

»Ahora, si me disculpas, voy a divertirme un poco. No es nada personal, claro. Solo que yo no he podido divertirme hasta ahora y esta será la última oportunidad. No soy tan distinto de mis súbditos, al fin y al cabo.

Mark no pudo ni gritar, cuando Samael le toco con su pútrida mano su alma ya estaba en el Infierno.

#2 Re: El último cigarrillo(pequeño relato) el Miér Jun 22, 2016 3:27 am

zamora021

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Que... ¡escalofriante! Opalo Sorprendido
TheScarecrow, tu relato ha sido muy bien contado, no soy fan del terror, pero parece que éste género abunda mucho últimamente, tu manuscrito está muy limpio, casi sin errores. las detalladas descripciones que dabas me hicieron imaginar todo el escenario, los personajes y de alguna forma también imaginé el sol negro que aún iluminaba con un cielo al más puro rojo, aun que no había visto algo parecido en mi vida.


Muy buena historia, aquí tienes  Ópalo Reputación por compartirla y sigue escribiendo con sentimiento.

#3 Re: El último cigarrillo(pequeño relato) el Jue Jun 23, 2016 1:36 pm

Cuervoso

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Vaya, me gustó mucho, tanto la historia, como tu forma de narrarla. A pesar de que presentas los escenarios y acciones con bastante detalle, logras hacer que la narración en sí no se vuelva pesada; eso es algo difícil de conseguir.

Sin tomar en cuenta algunas faltas, todo el resto me gusta. Como dices, hay partes que se podrían trabajar un poco más y mejorar el resultado, pero aun así, tal como está actualmente sigue siendo una obra que vale la pena leer.

La historia me pareció entretenida, lograste transmitir bastante bien en ella el sentimiento de que todo estaba perdido, mezclado con incertidumbre. A decir verdad igual me preocuparon los mounstruos cuando aparecieron, sin embargo, Samael parecía mucho más amistoso, no pensé que haría lo que hizo... estoy muy decepcionado de él (?).

En fin, siempre es un agrado leer una buena obra, sobre todo cuando se trata de alguien nuevo por estos lares =).

Saludos.






Cuervoso! No te pases ¬_¬

#4 Re: El último cigarrillo(pequeño relato) el Jue Jun 23, 2016 2:44 pm

TheScarecrow

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Muchísimas gracias por los comentarios, @zamora021 @Cuervoso. Si tenéis el tiempo y las ganas de señalar dichos fallos me ayudaríais mucho, ya se sabe: «una crítica negativa vale por mil positivas».

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