¡Bienvenido a Universo Maker!
¿Es esta la primera vez que visitas el foro? Si es así te recomendamos que te registres para tener completo acceso a todas las áreas y secciones del foro, así también podrás participar activamente en la comunidad. Si ya tienes una cuenta, conectate cuanto antes.
Iniciar Sesión Registrarme

No estás conectado. Conéctate o registrate

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo Mensaje [Página 1 de 1.]

#1 Microrrelatos II el Lun Mayo 23, 2016 7:59 am

f_gd

avatar
Bueno, vuelvo con otra tanda... Los primeros dos no me han gustado para nada, pero creo que a partir del tercero mejora. Mi favorito de esta vez es "los verdaderos horrores", que es una pequeña burlita a esa subcultura de los crepypastas que honestamente no comprendo.
Luego tenemos a "El toque del wendig" en donde rozo por segunda vez en mi vida el género de terror.
"Arte","Análisis médico", "Testigos de Cthulhu" y "Negligencia Jurásica" son pequeños cortos de humor.
Y "Mr. Holmes debe tener la autoestima alta", que es sobre cierto personaje famoso que a mí se me hace insufrible.
Espero los disfruten:

Galaxia 1
En la quinta ramificación de la galaxia,  llegando casi a la punta, y en una recóndita estrella llamada Valkiria según la Enciclopedia Astronómica del Imperio Galáctico, se encuentra el que se conoce como el segundo paisaje más hermoso del universo:
Los montes Yyl, una cadena montañosa pero cálida, cuya majestuosidad se extiende por todo un continente, llenando la vista de hermosos paisajes y belleza natural… excepto en un punto, ya que, luego de cierta compra al Imperio, un importantísimo y profundo mensaje fue tallado en el kilómetro setecientos de la cadena por los nuevos dueños.
Dice “beba Ghrttl-Cola”.

Epilepsia
El caño estaba frente a ella. Había empezado. A la mitad sucedió.
Las luces iban y venían, al igual que sus caderas. Y todo se volvió más caótico y confuso. Las luces, acompañadas de alguna mano inquieta, seguían bailando cuando sus caderas se paralizaron y ella cayó al piso.
Seguían yendo y viniendo mientras sus ojos se cerraban. Seguían bailando cuando alguien notó qué había pasado. Seguían bailando cuando se oyó el primer grito. Todo había terminado.

El toque del wéndigo
Eran las tres de la madrugada. Mientras esa horrenda forma lo paralizaba de miedo,  Miguel recordó el pasado. Mientras aquella forma horrenda se perfilaba en la ventana, afortunadamente tapada por una cortina, Miguel recordó aquella expedición perdida, la mirada fría de  Tomás; sus ojos, casi congelados, fijos en la nada;  recordó el sabor de aquella carne, la misma que probó luego de que el horrendo ser saliera arrastrándose de la espesura para tocarle la espalda.
Llorando dio el primer paso. Había sobrevivido, pero el precio a pagar eran la sed y el hambre que el toque de aquel monstruo le causó, la sed y el hambre que siguió saciando por años, con incontables crímenes que  escondía hábilmente. Y ahora esa cosa volvía por fin a llevárselo, a olvidarlo todo, a ser lo que era: un animal salvaje, rabioso, que no merece más que correr hambriento entre la nieve dejado atrás cualquier atisbo de humanidad, en busca de la próxima presa.
El cráneo putrefacto de un macho cabrío se perfiló en la cortina. La luz de la luna hacia brillar la cortina, dejando entrever los detalles del horrible espectro. El ser se quedó allí quieto, respirando pausadamente y mirándolo con ojos que eran cuencas.
De pronto una mano larga y garruda, con dedos como ganchos, entró en la habitación seguida de un no menos tenebroso brazo, llenando el lugar de un horrendo hedor a muerte y degeneración.
Miguel tomó aquella mano muerta, y el contacto con el hueso y la carne le hizo desfallecer. Cuando despertó era una criatura más, sin consciencia ni  alma, vagando por los bosques.

Arte
Eduardo miró su obra terminada. Era el año 5623 después de cristo y le habían encomendado que restaurara una obra vieja recobrada hace poco. Pero al director no le gustaría. Eduardo no estaba seguro de por qué, pero al echarle ojo a “Leda y el cisne y la oveja y el burro y el chanco y la vaca y el pato y la cabra” sentía que se estaba tomando quizá demasiadas libertades para con la obra original.

Análisis médico
El doctor Tekito Ysakomucho se hallaba revisando a su paciente.
—Mm… pupilas dilatadas… mínimo pulso… tiene la piel fría y…
Sacó un papel.
—Los análisis también son contundentes— Palmeó la espalda del paciente, cuya cabeza  cayó hacia delante—. Además, mire usted que pálido está. Podemos dar por terminado el análisis, pues ya no me quedan dudas. Lamento decírselo, señor, pero usted está muerto.

Testigos de Cthulhu
TOC TOC
—¿Quién es?
—Hola, venimos a traerle la palabra de Cthulhu.
—¿Perdón?
—¿Está harto de dioses apocalipticos que no cumplen con sus promesas? Véase Hastur, Azathot, Zhub-Nigurah, Jesucristo...
—¿A dónde va usted con esto?
—¿Le gustaría conocer nuevas formas de correr y matar?
—Disculpe, adiós.
—¡Espere! ¡¿Acaso no quiere que su alma inmortal sea devorada?!—La puerta se cerró—¡Si cambia de opinión, pásese por la iglesia negra de allá! ¡Pero no toque el mazacote que brilla!
Nadie respondía.
—¡Haremos un retiro espiritual el viernes! ¡Habrá una droga blanca que…! Ya, ¿Para qué me gasto? Estos incrédulos jamás conocerán la benevolencia, pureza y bondad del Gran Cthulhu, el ser más perverso sobre la tierra…

Los verdaderos horrores
Se abrazaron, escondidos y acojonados en el la habitación más recóndita de la mansión. Quedaban pocos con vida.
Durante años, los creepypastas tuvieron hegemonía sobre el horror en internet, pero algo pasó ese día: Perros amorfos saliendo de las esquinas de las habitaciones; Smile dog ladrándole a un cuervo en un incesante dialogo de “¡Wof!-¡Nunca más!-¡Wof!-¡Nunca más!";  dioses exteriores apaleando a Zalgo; un orangután estrangulando a Jane y metiéndola en la chimenea; un vampiro que nunca bebe vino chupándole la sangre a Toby; Clive Baker cabalgando desnudo sobre una cerda rosa por los pasillos… y más…
Ben estaba tirado y enloquecido, con un libro llamado “El rey de amarillo” en las manos. Se oía, en el techo, al alguien que gritaba algo de unos pies de fuego y una altura abrasadora.
Oyeron pisadas en el pasillo y un par de cuernos se clavaron en la puerta. Los mismos levantaron las tablas, dejando ver a un furioso Joe Hill del otro lado. Los pocos crepypastas que quedaban, entre los que se contaba un tal Jeff, huyeron hacia la puerta que daba al otro pasillo.
Mientras tanto, un hacha  atravesaba la ventana y Jack Torrence entraba. El lugar se llenó con el sonido de un reloj de péndulo dando la hora. Jeff abrió la puerta desesperado para encontrarse un ser aún peor del otro lado.
—¡Ya es medianoche!— Gritó Jack— ¡A quitarse las máscaras! ¡A quitarse las máscaras!— y las Tinieblas, la Ruina y la Muerte Roja ejercieron sobre todo el lugar ilimitado dominio.
Los verdaderos horrores habían vuelto.

Negligencia jurásica
John Hammond observó  el plano que el arquitecto le había entregado.
—Esto es estúpido, quítelo.
—Pero Mr. Hammond, ¡Es una medida de seguridad! ¡Los zoológicos comunes han hecho esto por siglos! Imagine si fallara la corriente…
—¡Por favor, el que pone aquí el dinero soy yo, y esto es un derroche! Ni que pueda llegar a pasarle algo a los visitantes…
—¡Pero…!
—¡Sin peros, amigo! No sé de dónde ha sacado usted una idea tan… tan…¡Ridícula, como cavar un foso alrededor de la verja de mi tiranosaurio!

Mr. Holmes debe tener alta autoestima
Holmes estaba regodeándose frente al esposado señor Koshervish.
—Estaba claro desde un principio, que el asesino no había  utilizado una cuchilla común para matar al señor Tidwell sino una navaja de afeitar ¡Una navaja de afeitar, como la del barbero! Y fue usted bastante imprudente, entonces, en dejar un pelo manchado con crema de afeitar sobre el tapete del baño en que ahogo a la señora Tidwell.  Sin contar con  que se le cayó de su zapato un pequeño trozo de tela con “Zapatería el Tolito” escrita en ella— Holmes suspiró—. Además, tuvo el tremendo descuido de llevarse, además del dinero, diversos papeles y cheques, además de que antes de irse dejó resuelta en papel la contabilidad del señor Tidwell por un periodo largo de tiempo. Esto último me llevó a lo conclusión de que el asesino debía ser necesariamente judío y…
—Señor Holmes— Intervino Watson—. Creo que esa conclusión podría considerar algo ra…
—No me interrumpa, Watson. Ahora, Mr. Koshervish, como iba diciéndole, llegue a la conclusión de usted era el asesino ya que es el único de la zona que es barbero, judío, y compra zapatos en “el Tolito”. Además, dejó usted una nota diciendo “Vale por lo robado. Atte, Jeremías Koshervish”. He ganado otra batalla de astucia. Ahora amigos míos, volveré a mi salón a fumar mi pipa mientras miro taciturno la hoguera y me inyecto con mi jeringa de cocaína. Adiós.
Holmes se retiró mientras  Watson sacaba tres fajos de billetes de su cartera.
—Esto es para usted, oficial, y esto para usted, Mr. Koshervish. Y este otro es para agradecer a la señora y el señor Tidwell por su actuación. Disculpen las molestias, es que su es psique algo frágil y… Bueno, digamos que para evitar problemas, Mr. Holmes debe tener la autoestima alta…



¿Y? ¿Qué tal?

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba  Mensaje [Página 1 de 1.]

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.