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#1 [Relato] "Ataduras invisibles" el Vie Sep 04, 2015 10:52 pm

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Tomate

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Con motivo de participar en el nuevo Concurso de Guionismo me dediqué un tiempo a la redacción de una historia. Tenía muy en claro que debía ser breve...pero no pude. Resultado: 5 hojas de texto. Como no cumplió con los requisitos, he decidido publicarlo aquí para quienes tengan muuuucho tiempo libre o estén aburridos.

El siguiente texto es un relato de amor de temática LGBT que puede ser leído tranquilamente por los usuarios más jóvenes del foro y sin ningún problema (quitando los socio-religiosos, por supuesto). Una última aclaración, es la primera vez que redacto una ficción, tengan en cuenta que soy "amateur" y no esperen nada extraordinario.

ATADURAS INVISIBLES

Parte 1:
En la ciudad de Mendoza, una provincia de Argentina, ubicada al oeste. Año 2000.

Un 15 de marzo mi hermano menor me pidió que le comprara un paquete de cartas especiales para jugar un juego japonés que se estaba popularizando bastante por televisión. Por supuesto que me negué, tenía sólo 16 años, estudiaba (como cualquier chico de mi región y con la misma edad) y los únicos ahorros que tenía ya estaban destinados a ser gastados en una nueva patineta. Los berrinches de mi hermano se hacían insoportables, mi mamá no quería gastar dinero en juguetes porque estábamos pasando por una crisis económica, y mi papá nunca nos escuchaba. Vivía en la calle.
Quería mucho esa patineta...pero también quería ver feliz a mi hermanito...fue entonces, cuando por la tarde de ese mismo día, 15 de marzo, tomé la decisión de usar mis ahorros en pos de la felicidad de Ezequiel.
Entré a la tienda, compré el paquete más caro de todos y cuando me doy vuelta para retirarme del negocio me choqué con un cliente que ingresaba.
-”Perdón, no te vi”- mientras recogía mi compra del piso con mi mano derecha.
-”No importa, tampoco te vi”- respondió el otro.
Cuando me enderecé y miré a los ojos de mi accidentado, mi cuerpo se paralizó. Literalmente.
Sus ojos marrones, su cabello castaño claro con rizos enredados por toda su cabeza, su color de piel blanca, la silueta de su boca...todas esas hermosas partes que integran un armonioso y magnífico rostro. La gente dice que a esos momentos se les llaman “flechazos”, pues bien, para mí fue más un “shock eléctrico” que cualquier otra cosa.
-”¡No! ¿Te compraste la colección premium?” -fueron las palabras que salieron de sus labios.
-”¿Cómo?”- Fue la única y estúpida respuesta que logré enhebrar mientras todas mis células experimentaban una revolución interna.
-”¡Ahí vienen las cartas más poderosas que salieron hasta la fecha! ¿Cuánto te costó?”
-”¿Eh? ¡Ah, esto…! Sí, las compré porque soy todo un fan”- dije mientras una voz interna me gritaba “¡MENTIROSO! ¡Nunca te gustaron!”.
Mientras yo trataba de recuperarme de esa discapacidad motriz que saboteó mis sentidos, el muchacho se acercó al mostrador y preguntó por el mismo pack que yo poseía en mis manos. (Aclaro, aún permanecía quieto en el mismo lugar del encuentro, básicamente era una maceta).
El joven se retiró del mostrador y pasó por mi lado con una cara de decepción tan fuerte que me despabiló completamente. Una energía inmensa resurgió de mis entrañas y me forzó a correr tras él. Finalmente lo alcancé y le pregunté el porqué de su cara larga.
-”Ya no quedan más paquetes premium. Vendieron el último”.- dijo.
¡Qué culpable me sentía en ese momento! ¡Sentía que mi cruel destino me obligaba a tomar la decisión más difícil de mi vida! Quería hacer feliz a mi hermano...pero tampoco podía ver triste a ese apuesto muchacho. Seguía enlazado a él de una manera mágica.
-”Hm…¿podemos abrir el paquete juntos? Si tienes alguna repetida, podemos intercambiarlas. ¿Qué opinas?” - me dijo mientras sus labios simulaban una leve sonrisa.
-”¡Claro! ¡Ya tengo varios paquetes en casa! ¡Siempre vengo a comprar todas las semanas!”-contesté.
-”¡Oh! ¿en serio? ¡Puedo verlas algún día! ¡Podemos jugar juntos!”
-”¡Claro que sí! Pero te cuento que soy muy difícil de derrotar”- Mientras lo decía podía sentir a mi yo interno agarrarme de los hombros y sacudir fuertemente mi cuerpo, mientras gritaba: “¡No tienes la puta idea de cómo jugar!”

Parte 2:
Siete espectaculares meses pasaron, los mejores de mi vida. Nos hicimos muy amigos, mi hermano nunca recibió sus cartas y quedó resentido conmigo hasta cumplir los 14 años. Yo nunca compré mi patineta nueva. Pero tenía a mi lado alguien que sacudía mis sentidos y me endulzaba las mañanas cuando jugábamos a las cartas, íbamos al cine, tomábamos un helado en el parque o simplemente nos sentábamos en la vereda de mi casa a charlar.
El 28 de octubre del mismo año me llamó por teléfono diciendo que tenía una noticia muy importante para contarme y necesitaba decírmelo en persona. Mi corazón golpeaba fuertemente las paredes de mi pecho y mi imaginación voló hasta la estratósfera. Me puse mi mejor camisa, mis pantalones nuevos y unos zapatos que usé en el último cumpleaños de mi hermano, Ezequiel. De camino a la plaza, lugar donde me encontraría con Hernán, compré un paquete de maníes (detestaba los dulces).
Cuando me acercaba hasta aquel árbol donde siempre jugaba a las cartas con Hernán, allí lo vi acompañado de alguien más. Me puse nervioso y comencé a bajar la velocidad de mi caminar, hasta que finalmente llegué.
-”¡Facundo! ¡Llegaste! Quiero presentarte a mi novia, Amalia.”
-”Hola Facundo, es un gusto conocerte. Hernán siempre me habla de tí.”
Frío, un frío escalofriante ardió en mi pecho y mis ojos se abrieron con mucha sorpresa.
Amalia era una chica hermosa, parecía tener la misma edad que Hernán, unos 17 años. Cabello pelirrojo, ojos azules, pequitas en sus mejillas, de silueta menuda y estatura promedio. Era hermosa, muy hermosa, tanto que me lastimaba.
-”¡Facu! Vamos a tomar un helado en la esquina”.- dijo Hernán, contento.
Contesté como pude, fingiendo una sonrisa desesperada. No entendía lo que pasaba. No...sí lo entendía y bastante bien. Era absolutamente normal, los chicos lindos se ponen siempre de novio ¿verdad? ¿Y por qué me costaba aceptar la realidad? Qué horrible momento pasé, quería irme, quería correr...aunque también...sentía ganas de golpearlo fuertemente en la cara.
Estuve con ellos, escuchando las historias de cómo se conocieron y preguntándome en silencio por qué Hernán jamás me habló de ella. “¿Acaso no era su mejor amigo? ¿No soy importante en su vida? ¿No le brindé todo el amor que tenía?” Esas preguntas castigaban mi conciencia, no podía estar tranquilo. Verlos tomados de las manos me repugnaba. Amalia era muy amable conmigo, tan amable que me lastimaba por dentro, me sentía miserable, descartado y perdedor.
De pronto, me levanté y me retiré sin decir nada y con los ojos a punto de llover. Pude escuchar a Hernán gritando mi nombre, pero yo no podía voltearme, tenía que salir de ahí y rápido. Estaba lastimado, estaba herido y por la persona más importante para mí.

Dos semanas pasaron y Hernán seguía llamando por teléfono a mi casa o tocaba el timbre de la puerta. Por supuesto que yo me escondía y le pedía a mi mamá que mintiera. No quería verlo. Mi mamá quería explicaciones...sólo le dije que ya no éramos más amigos, que me había traicionado de la peor manera. Ella siempre me consideró una exagerado para todo, así que mucha importancia no le dio al asunto.
Al poco tiempo, Hernán desistió y nunca más llamó.
Cuando salía de la escuela, cada tanto, pasaba por la tienda de juegos, con el oculto deseo de verlo nuevamente. Nunca lo encontré.
Estaba completamente cerrado al mundo, no quería hablar con nadie. Mi único amigo era Ezequiel, quién se había olvidado del episodio de las cartas y me hablaba con naturalidad.

Cuando cumplí los 17, mis padres me llevaron a otra provincia, ubicada al este del país a unos mil kilómetros de distancia. Decían que allí tendríamos un mejor pasar económico. Y así fue. Terminé la secundaria, me compré una patineta nueva, hice de amigos y estudié en la universidad. Finalmente, me gradué como profesor de matemáticas para alumnos de primaria y nivel inicial.

Parte 3:
A los 30 años de edad ya gozaba de una vida profesional muy gratificante, tal así, que un colega de mi provincia natal me llamó para cubrir un cargo de suplencia en el colegio primario más importante de Mendoza. Estaba, técnicamente, de vacaciones y sumando la nostalgia que me generaba imaginar un regreso a mi provincia, decidí tomar la propuesta. De todas maneras, sería una visita de una semana, nada más. Empaqué mis cosas más importantes en un bolso y tomé mi avión.

Regresar al lugar donde me crié después de tanto tiempo me generó una sensación hermosa. Las calles de la ciudad, los aromas de las confiterías, los árboles de las plazas, cada lugar estaba cargado de recuerdos. Ya tenía la clase preparada en mi portafolios junto a un libro de ejercicios. Caminé por las calles con prisa ya que siempre detesté llegar tarde a cualquier lugar. (Tarde, para mí, significa estar 10 minutos antes de clases....soy un neurótico).

El colegio era hermoso, después de todo era privado y el más caro y prestigioso de la zona. Entré al aula, donde los niños estaban ya sentados esperándome. Aunque algunos seguían jugando o charlando en voz alta. Me paré frente a ellos y me presenté:
-”Hola niños, soy el maestro de matemáticas y los acompañaré esta semana. Mi nombre es Facundo Castillo”- dije en tono amigable.
Siempre en las clases con grupos de alumnos nuevos, me gusta pedir que ellos se presenten para que todos nos conozcamos y generemos un ambiente más amigable. Suelo prestar atención a los discursos de mis alumnos y sus nombres. Básicamente porque siempre detesté como mis profesores olvidaban mi nombre. Lo consideré como un gesto poco profesional.
Y así se fueron presentando: Yamila, con dientes grandes y sonrisa tierna. Lionel, con sus anteojos de color verde y falta de expresividad en su rostro. Todo venía perfecto, y yo estaba más que contento, todo eso duró muy poco, hasta escuchar lo siguiente:
-”Mi nombre es Javier Andrade, tengo 9 años y no me gustan las matemáticas…”
De pronto, no pude continuar escuchando las palabras de ese niño, una sensación extraña molestaba la atención de mi mente. El apellido “Andrade” resonaba por mis entrañas, desde lo más profundo, golpeando todos mis sentidos.
“¿Andrade? ¿Javier Andrade?”- repetía en voz baja.
Sí, ahí fue cuando mis palpitaciones comenzaron a acelerarse. Sentía una presión en el pecho que creía olvidada, y pese a todo esto, cometí el acto más vergonzoso de mi carrera:
-”¿Javier Andrade? Por casualidad ¿cómo se llama tu papá?”- dije con un ardor en el pecho.
-”Hernán, maestro”- me dijo sin importancia.
Mi garganta estaba atorada y enmudecida. Sentía en la boca del estómago un fuego, tan helado que ardía y, encima, subía lentamente por mi pecho. Sentí escalofríos. Mi corazón me atormentaba con sucios recuerdos. No podía parar, no podía detenerme, aquellos dolorosos recuerdos que creí haber dado por borrados, comenzaron a resurgir con fuerza.
-”Disculpen un momento, niños”-dije con voz un tanto nerviosa.

Parte 4:
Me marché al baño con paso acelerado, entré y me lavé la cara.
-”¡El hijo de Hernán es mi alumno! ¡El hijo de Hernán es mi alumno!”
La rabia comenzaba a dominarme, las piernas me temblaban.
-”¡Ese hijo de…! ¡Nunca signifiqué nada para él!
Debatí múltiples duelos internos en cuestión de breves segundos. Hasta que decidí regresar al aula, esos niños eran mi responsabilidad y estaban en mi clase. Sí, debía actuar de manera más profesional. De todas maneras ¿cuántos Hernán Andrade pueden existir en Mendoza? Usé esa excusa para calmarme y dejar de actuar como un adolescente. Regresé al aula totalmente avergonzado de mí mismo.
Y la clase prosiguió con naturalidad...salvo que esa pequeña duda sobre el padre de Javier que me cosquilleaba la imaginación. El timbre sonó, las clases de ese día habían finalizado y los alumnos debían salir. Sus padres estaban esperando afuera.
-”¿Y ahora? ¿Qué hago? ¿Espero que se vayan todos los chicos con sus padres para poder salir de aquí? No...me llevará mucho tiempo. ¿Tendrán una salida de emergencias por otro lado?”- comencé a divagar.
Sacudí mi cabeza levemente para tranquilizarme, decidí ser serio y actuar con madurez. Levanté mis papeles del escritorio y me mezclé entre los niños, por la única salida aparente del colegio, donde algunos padres ya estaba retirando a sus hijos. Yo miraba de manera alerta para los costados, quería fingir que no me importaba, pero en realidad estaba pendiente de los padres...intrigado por saber si reconocería al papá de Javier. No pasó nada de eso.
Ya estaba afuera, con cara de tonto, simulé una pequeña sonrisa burlona y me regañé por haber sido tan estúpido como para sabotear mi propia sensibilidad. Todo estaba en orden, yo era el lunático. Así que, respiré hondo y camine con la frente en alto por la vereda del colegio en dirección al hotel donde me hospedaba.
No hice más que llegar hasta la esquina cuando sentí un auto frenar con mucha fuerza, me asusté y miré hacia la calle. El auto frenó casi a mi lado y con una imprudencia total. Me enfurecí y avancé hacia el automóvil. Ya tenía mi regaño listo para gritarle en la cara a ese animal de conductor. Claro que, mientras vi salir al conductor del coche me llevé un susto tremendo, de esos que te abren los ojos de manera ridícula y te paralizan el cuerpo. Sí, era él, a pesar de su nueva barba y el nuevo corte de pelo pude reconocer perfectamente esos labios, esos rizos castaños, esos ojos que hasta ese día me seguían hipnotizando. Del auto bajó Hernán y mis ojos auguraban lluvia. Rápidamente me di media vuelta y caminé por otra dirección, mi respiración estaba alteradísima. Volví a mirar para atrás después de unos pasos ligeros y vi como ayudaba a bajar del auto a una mujer embarazada…¿Amalia? No lo sé, se veía diferente. No podía recordarla. Es como si mi mente hubiese dejado un agujero negro en ese momento. Cuando vi a Hernán recibir en sus brazos a su hijo Javier, todo empezó a dar vueltas en mi cabeza. No podía dejar de mirar…¿cómo un ser humano puede sabotear su propia felicidad? ¿Seré el único con esta extraña habilidad para maltratarse? Quería marcharme cuanto antes pero mis piernas no respondían, estaba allí, mirando y sufriendo. Los segundos más largos de mi vida fueron interrumpidos, por suerte, por una muchacha que me golpeó al cruzar la calle de manera rápida.
-”Disculpe, señor, llevo prisa”-dijo gritando mientras seguía corriendo.
Aproveché para recuperar mi compostura y decidí continuar mi camino, con los ojos llenos de lágrimas y el corazón acongojado.

Parte 5:
La verdad es que nunca pude dejar de amarlo, ni siquiera un sólo día. Encontrarme con la realidad de ver al hombre más hermoso del planeta junto a su familia feliz...me envenenaba la sangre. Hernán pudo seguir con su vida, mientras que yo siempre estuve atado a este amor fantasma. No podía sentirme más desgraciado.
A la mañana siguiente llamé a la directora del colegio y dije que no podría cumplir con mi suplencia debido a una enfermedad. Tomé el avión y decidí nunca más volver a Mendoza, nunca más...volver a pensar en el amor.

Aclaración: En Argentina se emplea el "vos" para usar el segundo pronombre, sin embargo, lo remplacé por el "tú" porque ya me acostumbré a escribir así en el foro. Así que nada de quejas argentinas aquí. Opalo Enojado

¡Saludetes! Opalo Hola

#2 Re: [Relato] "Ataduras invisibles" el Sáb Sep 05, 2015 12:15 am

Natalie

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Opalo Triste Opalo Triste Opalo Triste Opalo Triste Opalo Triste Opalo Triste Opalo Triste Opalo Triste Opalo Triste

Me ha gustado mucho...consigues crear empatía con el lector, recomiendo leerlo Ópalo Sonriente

Spoiler:
Al principio pensé que iba a ser una historia bonita (bueno, no sé como acabará, espero que haya más), pero joo...es triste y desesperanzadora Ópalo Triste


¿Vas a escribir más? ¿O acaba aquí la historia? Por cierto, ¿y si participas con el primer capítulo?

¡Muy buena historia! Opalo Hola

#3 Re: [Relato] "Ataduras invisibles" el Sáb Sep 05, 2015 9:14 pm

reyerta

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¡SEN-SA-CIO-NAL! Es lo único que puede describir esta historia. La forma en como introduces a los personajes, la manera en como todo gira en torno de la individualidad de Facundo... ¡Dios! Es una obra maravillosa...

No logró comprender como eres capaz de considerarte amateur, no había forma en que pudiese detenerme, abría un spoiler tras otro, tras otro y tras otro... Y cuando llegué al final, sentí que con la obra acabo un pedazo mágico...

Solo algo, sentí la introducción algo pesada. No me engancho al principio; pero supe esperar y recibí una gran recompensa

Conclusión: ¡Recomendado mil por mil! Un trabajo de calidad.

#4 Re: [Relato] "Ataduras invisibles" el Dom Sep 06, 2015 12:08 am

Bleuw

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Lo leí, en general no suelo comentar sobre este tipo de posts, porque soy malísimo dando feedback sobre relatos, pero lo hago porque los relatos tristes me pueden. =p
Así que lo resumo en que me gustó todo, en general no le veo ningún punto flaco, está bien escrito, presentado y bien expresado... muy real, de hecho también, lo que para este tipo de relatos es perfecto.

Así que nada más... buen trabajo don @Tomate.

#5 Re: [Relato] "Ataduras invisibles" el Dom Sep 06, 2015 12:51 am

Ledai

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Escribes muy bien, me gusta tu narrativa directa; como dice Nat, contactas con el lector y engancha... mira que no soy dada a leer relatos romanticodramaticos, pero al final me lo he terminado ^_^ pero claro; hubiera querido un final feliz; aunque supongo que en esta vida nadie obtiene sus finales felices he...




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#6 Re: [Relato] "Ataduras invisibles" el Dom Sep 06, 2015 9:52 am

Matimike

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No pensé leerlo pese a tantas páginas, pero después de ver recomendaciones tengo que decirte que no he podido dejar hasta el final de leer. Me ha emocionado por dentro (yo no suelo expresar mis sentimientos en mi rostro), buen trabajo.

#7 Re: [Relato] "Ataduras invisibles" el Lun Sep 07, 2015 10:42 am

Tomate

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¡Muchísimas gracias a todos por sus tan gentiles comentarios! ¡No esperaba esta repercusión! Ópalo Contento

@Natalie: Qué bueno que te haya gustado, y más bueno aún es que te hayas enganchado para seguirla hasta el final. ¡Gracias! Y lamento haberte decepcionado con el final. Sí, la historia (al menos para mi imaginación) acaba ahí, lo que no significa que sea el final de Facundo. El título se llama "ataduras invisibles" justamente por la conexión que generó Facundo con Hernán y que jamás podrá romperla. Aunque lo ame, lo odie o pretenda olvidarlo, él permanece atado a un dolor u obsesión fantasma (según la libre interpretación de ustedes). Mi hizo muy feliz que me hayas leído. Ópalo Contento

@reyerta: ¡¡Wow!! ¿qué puedo decir? ¿No estarás exagerando un poco? ¡¡Muchísimas gracias de corazón por tales palabras!! Me siento realmente exaltado de alegría al saber que lo has leído entero. Quizás, si las musas me cantan de nuevo, ,pueda escribir algo feliz, te lo prometo. Pero dudo que eso suceda este año. ¡Gracias nuevamente! Ópalo Contento
Qué bueno que te gustó la individualidad de Facundo ¿es un chico un tanto complejo, ah? Siempre con la sensibilidad a flor de piel, impulsivo y un tanto obstinado. Me gustó crear su personalidad.

@bleuw: ¡Señor Bleuw! ¡Qué honor tener al Sr. Bleuw comentando tan bien mi escrito! Y más aún sabiendo que no eres mucho de comentar estas cosas, más valoro tu opinión. Qué bueno que te haya gustado. Sí, efectivamente, buscaba hacer ficción pero de manera muy real. Ópalo Sonriente

@Leda: Como le dije a Bleuw, sabiendo que no te gusta este tipo de género y que aún así te lo hayas leído hasta el final, siendo casi 5 hojas de texto. ¡¡Es algo que debo agradecer!! ¡Valoro muchísimo que te haya gustado "y enganchado" a pesar de tus preferencias literarias. Significa mucho para mí. Y desde luego, estoy muy contento y agradecido por tu comentario. Ópalo Contento
Y es cómo dices, no todos consiguen su final feliz, a veces...porque ellos mismos no se los quieren dar (como Facundo y su deseo inconsciente de no renunciar a lo que te hace mal).

@Matimike: Si dices que te has emocionado, entonces, doy por cumplida mi meta. ¡Y te lo has leído entero! Perdonen por la extensión (y eso que tenía en mente ser de lo más breve posible) Ópalo Sonrisa Grande
¡¡Gracias compañero de Pixel Art por tu comentario tan agradable!! Ópalo Contento

Para todos: No saben la alegría que me brindaron sus mensajes. A veces las historias tienen finales trsites, pero es porque las personas no son capaces de cambiar los hábitos que le dañan. En fin, para la próxima (si es que sucede) les prometo un mejor final.

¡¡Gracias por leerme! Soy un Tomate feliz
Opalo Hola

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