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#1 Relato Revista 9º el Lun Mar 03, 2014 6:17 pm

Ledai

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Misión:
Ardientes distorsiones de la realidad se perdían sobre la línea recta de una carretera sin fin. Más allá del cristal ahumado del Jeep solo se divisaban estelas ondulantes sobre la superficie del suelo, imitando un falso espejo de agua que se disipaban conforme el cuentaquilómetros aumentaba su cifra. En medio que aquella extensa explanada de pasto seco y tierra quebradiza, apareció un desvío a la derecha que convirtió la estabilidad del asfalto en un continuo traqueteo por camino empedrado.
Sonó el tono de una llamada telefónica, no llegó al segundo cuando una voz femenina en el asiento de acompañante respondió.
El murmullo a través del auricular no se alzó lo suficiente como para causar ninguna impresión al conductor, pero la respuesta de su copilotó logró hacer que sus manos se apretaran contra el cuero desgastado del viejo volante recalentado.
Ella colgó el móvil y lo tiró en el asiento de atrás.
-A aparecido otro,  a pocos quilómetros de este –sintetizó la voz de la mujer con un tono tenso, perfecto para describir el estado de ánimo que tenía.
-¿También nos han dicho que nos encarguemos de él? –preguntó  el piloto sin levantar la vista del camino que atrochaban.
-No, de ese se encargará el equipo B, han dicho que cuando terminemos contactemos con ellos por si necesitan ayuda.
-¡Venga ya! No será para tanto… solo hay que quemar un avispero.
-Pues solo será un avispero, pero para eliminarlo nos llaman a nosotros… –indicó la mujer mirando de reojo y tras las gafas oscuras por la ventanilla, a la distancia entre los pastizales.
El cielo yacía prístino, sin una sola mota de nube; de un Azul que parecía óleo recién pintado. Y el horizonte que el Jeep surcaba, empezaba tomar forma, una silueta que rompía con la absurda monotonía del camino y que contrastaba con el resto del panorama. Se veía en un molesto contraluz que empachaba la polvorienta luna del coche.
-Allí debe de ser… -opinó el hombre tratando de vislumbrar el camino y bajando una de las viseras del auto para guarecer sus ojos- En aquél árbol tan grande…
-Es posible, dijeron que se vería con claridad –asintió ella imitándole al bajar la otra visera para terminar poniéndole al jeep mirada de enfado.
El recorrido disminuía continuamente a la par que sus dudas aumentaban por momentos entre los espejismos y rayos de sol que bloqueaban su vista
La silueta bajo el sol tomaba forma, Una descomunal forma que se salía de los límites de lo razonable; pues lo que creían ver dejaba de ser lo que era.
-¡Eso no es un árbol! –discrepó El hombre agachándose al comprobar las dimensiones que más allá del cristal se alzaban.
-¡Dios Mío! –dijo ella saliendo del coche boquiabierta.
-No, no salgas sola… -saltó él, siguiéndola mientras que con la cabeza miraba a lo alto-. Es… es…
-Y solo tenemos que quemarlo, ¡Eh! –refirió la mujer llevándose las manos a la cabeza y despeinándose el  recogido que en coleta tenía.
Frente a ellos, y a una escala mucho mayor de lo normal, se hallaba lo que comúnmente pasamos de largo, una construcción solemne que se menosprecia debido a sus humildes constructores.
El hogar de una colonia de avispas, nunca antes vista y que amenazaban con su simple existencia aun antes de haber tenido contacto con ellas.
-¿Qué clase de experimento se les ha ido de las manos esta vez? –increpó el hombre abriendo el capó del maletero –…Llama al equipo B, necesitaremos su ayuda si es que no están peor que nosotros –dijo dejando en el suelo cinco bidones de gasolina, varios trapos y un mechero que hundió en su bolsillo.
-Yo… tengo un mal presentimiento… -meditó ella ayudándole y sin dejar de mirar aquella proeza.
-Lo sé preciosa, pero si nosotros no acabamos con esto, nadie lo hará…
Ambos cargaron con los bidones, marchando hacia la intimidante mole, la cual les atemorizaba  en sus mentes con ideas que jamás llegaron a suceder.



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