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#1 La Amistad de Gabriel y Ezequiel 1 y 2 el Lun Ago 05, 2013 6:34 am

llavebulacio

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Pues... Despues de una larga deliberación interna decidí publicar esta historia que escribo mas que nada por práctica, pero que poco a poco me va gustando mas Ópalo Contento
Espero que les guste.
La Amistad de Gabriel y Ezequiel:

Hará muchos años ya, en un pueblito olvidado, vivía un joven llamado Gabriel. Rondaba los veinticuatro y tenía fama de vivo y aprovechado, por no decir sinverguenza. Le encantaba trepar, tanto por arboles como por paredes. Y en mas de una ocasión se valió de esa habilidad para sus travesuras. Por el pueblo corría la voz de que Gabriel se negaba a madurar, que por propia voluntad había conservado la mentalidad de un chico de catorce años: Le silbaba a las mujeres, se robaba tartas de las ventanas, comía dulces a por montones, mentía descaradamente, se aprovechaba de los demas y cualquier otra bajeza que solo tolerarían en un niño pequeño. A pesar de lo que decían, yo creo que era un poco su forma de ver las cosas: Un juego. Le encantaba ver la vida como una sucesión de retos. ¿Que lo motivaba a ser así? Ni yo lo se, todavía.
El pueblo en el que vivía no tenía ni nombre. Era un conjunto de granjas circundadas por un bosque. La tierra era arida, el clima hinospito y las cosechas malas. Como si no fuera bastante fea esa situación, don Francisco Hernandez, el alcalde, era un hombre adinerado, que poseía todas las tierras y se las arrendaba al resto de los ciudadanos. Esto significaba que gran parte de la cosecha se la quedaba el, ademas de los impuestos, y, por consecuencia, que no fuera, precisamente, muy querido. Diré a su favor que Hernandez no era un hombre malo, ni egoísta, ni cruel. De hecho, el odio de los ciudadanos provenía mas de la escasez de las cosechas que de los impuestos, ya que con lo poco que cosechaban, lo que les quedaba era una miseria. Aún así, debo aclarar que el alcalde era un hombre muy terco. A pesar de las penurias de sus vecinos, Hernandez se negaba a bajar los impuestos, no por maldad si no por principios.
Pero volvamos con Gabriel. No tenía apellido, vivía solo y trabajaba como leñador, uno de los pocos empleos en los que no se cosechaba ni se pagaba el costo de arrienda a don Francisco. Era alto, de un metro setenta, de pelo negro y, ademas de todo lo que se dijo previamente, era bastante timido con las mujeres. Eso no le impedía engatusarlas y manipularlas, si la broma o treta valía la pena, pero nunca pudo hablarle a otra con sinceridad. Añadiré, ademas, que su fama de sinverguenza lo había dejado con pocos o ningún amigo.
El día que nos ocupa, Gabriel caminaba desde el bosque, rumbo al pueblo. Ya estaba bien entrada la noche y iba silbando una tonadita pegajosa que, en uno de sus muchos momentos de vagancia, se había inventado. De repente, unos ruidos extraños lo hicieron pararse en seco. Risas, correteos y, por inverosimil que parezca, rugidos. De improviso, un hombre salió de entres los matorrales y cayó al suelo, riendose. Bastó una mirada para que Gabriel lo reconociera: Era Ezequiel Hernandez, ¡El hijo del alcalde! En ese momento, Ezequiel se incorporó y reparó en la presencia de Gabriel.
-¡Corre, corre de los perritos! -Decía entre risas. Estaba tan borracho que se tambaleaba.
-¿Perritos? -Preguntó Gabriel.
En ese momento, y a unos pocos metros de los jovenes, dos lobos, grandes y terribles, salieron de entre los matorrales. Gabriel, que solía usar su inteligencia para jugar malas bromas, rápidamente ideó una forma de salvar, al menos, a Ezequiel.
Se llevó la mano a la cintura y sacó de su morral una rama de un sauce que había hachado esa mañana y que había conservado por su especial dureza y longitud. Miró a Ezequiel, que había caído en el suelo, inconsciente de pura borrachera, y miró a los lobos, que lo miraban a él y al otro joven con una gran ferocidad. Acto seguido, les lanzó el palo y les acerto a ambos con una puntería que solo se consigue despues de practicar años con ventanas y cabezas de maestros.
Los lobos, como cualquier animal de fácil enojo que se precie, se enfurecieron y corrieron hacia Gabriel. Y Gabriel, como cualquier desvergonzado que se precie, corrió a una velocidad increíble a travez del camino y, cuando hubo llevado a los lobos a una distancia prudente de Ezequiel, se trepó a un árbol.
Los lobos rondaron el árbol por, al menos, media hora. Media hora en la que Gabriel, acostumbrado a los arboles los miró recostado en una rama. Al cabo de un tiempo, los lobos se dieron por vencidos y se fueron. Gabriel bajó silenciosamente del árbol y fue a buscar a Ezequiel, que seguía tirado en el piso, riendo como sí nada.
-¿Sos boludo o te hacés? ¡Casi te comen los lobos! -Le gritó Gabriel.
-Que lobos ni que lobos... ¡Hip! Eran perritos... -Le respondió Ezequiel. Acto seguido, se quedó dormido.
Gabriel se encontró en un dilema... No sabía si llevarse a Ezequiel o dejarlo ahí tirado. La buena voluntad pudo más y, no sin mucho esfuerzo, consiguió llevarlo al pueblo. Mas precisamente, hasta su casa. Ese fue el origen de una larga amistad...

Segunda parte, notese el paso de un narrador testigo a uno omnisciente. Ahora se lee que piensa Gabriel, permitiendonos entender mejor sus motivos.

La Amistad de Gabriel y Ezequiel 2: Recuerdos:
La vieja Sosa, escoba en mano, los corría.  Ellos, con una sonrisa de oreja a oreja y las manos llenas de panecillos, escapaban como los atorrantes que eran.
-¡Mocosos! ¡Ladrones! ¡Sinverguenzas!
-¡Corre, Ezequiel, corre! -Gritaba Gabriel.
-¡Dale que nos agarra la gorda! -Le respondío Ezequiel.
Ojos curiosos se asomaban por las ventanas al paso de los chicos y los gritos de la mujer. Ellos, indiferentes a las acusadoras miradas, atravesaron rápidamente la calle, saltaron una cerca, y se internaron en el bosque. Tras varios minutos corriendo, los chicos se detuvieron frente a un árbol identico a los demas. Miraron alrededor, asegurandose de que no había nadie, y, muy lentamente, comenzaron a treparlo. Cerca de la cima, y tan bien camuflada que solo podía ser encontrada por quien sabía donde estaba, había una pequeña casa de madera. Los chicos se subieron a la plataforma sobre la que se apoyaba la casa, se agacharon, y entraron por una pequeña puerta hecha solo para su tamaño. Nadie, ni siquiera sus padres, conocían la ubicación del tan querido escondite, que les servía de bunker, refugio y cuartel para cada una de sus travesuras (Y las consecuencias de estas). Por dentro, la casita estaba llena de libros de cuentos pues, por mas vagos y atorrantes que fueran, Ezequiel y Gabriel disfrutaban leyendo historias de aventureros y cruzadas epicas. Había, ademas de los libros, unos cuantos juguetes, un par de sillas, una mesa y un mapa, todo preparado para planear su proximo "golpe". Descansaban también, amontonados en una esquina, decenas de trofeos obtenidos en sus travesuras: El balero de Jimenez, por ejemplo, que lo había presumido tanto que una noche entraron en su casa y se le quitaron. O, guardado en una cajita, el collar de Alejandra, una chica que le gustaba a Ezequiel desde hacía varios años.
Apenas entraron, los sinverguenzas se sentaron a comer la delicia que, robada con esfuerzo, les supo mejor que nunca. Una vez comidos, ríeron. Ríeron a mas no poder, por varios minutos, como pibes que eran. Ríeron mas cuando, bajo del árbol, escucharon los gritos de la vieja, que los buscaba a mas no poder. Sabían que la treta les iba a costar. Sabían que apenas entraran al pueblo sus padres les iban a agarrar de la oreja y arrastrarlos cada uno a su casa. Pero no les importaba, pues el goze de haber disfrutado con el otro, como hermanos de distintas madres que eran, compensaba cualquier castigo. Anochecía cuando bajaron del árbol, y ellos, aunque con menos ganas, seguían riendo. Lástima que las risas acabarían pronto...

Diez años despues, Gabriel recordaba ese día mientras miraba las estrellas desde la ventana de su casa. De vez en cuando bajaba la vista hacia el joven recostado en su cama. Ezequiel. Su hermano de otra madre, que hacía años no veía. ¿Cuando había regresado? ¿Porque no había recibido noticias suyas?
En ese momento, Ezequiel despertó y miró, sorpendido, a su alrededor.
-¡LOS LOBOS! ¿Que...? ¿Donde...? -Dijo.
-Yo te salvé, boludo. -Le dijo Gabriel. Ezequiel lo miró, extrañado.- ¡Hacía tanto que no te veía, viejo amigo! -Continúo Gabriel, e intentó abrazar a Ezequiel. Este lo miró, confundido, y apartó sus brazos de un manotazo.
-¿Viejo amigo? ¿Quien...? -Comenzó a preguntar, pero se interrumpió bruscamente. - ¡Agh! ¡Mi cabeza! ¡Santa madre de...!
Y volvió a dormirse.
<> Pensó Gabriel <>
Alcohol. Odiaba esa palabra. Era lo que había desencadenado en su miserable situación actual... Gabriel no pudo mas que seguir recordando ese día...
Todo ocurrió como siempre. Su papá le dió una golpiza, su madre le dió un castigo, lo obligarón a disculparse con la señora Sosa... Asunto saldado, Gabriel a la cama. O eso pensaban ellos, porque apenas se acostaron sus padres, Gabriel se escapó por la ventana, se subió al techo y, mediante una tapia que había entre las dos casas, pasó al techo del señor Lopez, que había tenido la muy oportuna idea de construir su casa con un extravagante diseño en el que la pared trasera descendía como una pequeña rampa. Gabriel se deslizó suavemente y, tarareando una tonadita de las que le gustaba inventar, caminó rumbo a la casa de su amigo.
Al llegar, se deslizó hacia una de las paredes laterales de la casa y se sentó bajo la ventana de la habitación de Ezequiel. Todo ocurriría como siempre: Cuando don Francisco, su padre, se acostara a dormir, el saldría por la ventana para juntarse con él.
Pero este no fue el caso. A traves de la ventana se escuchaban las voces de Ezequiel y su padre discutiendo.
-¡ESTOY HARTO! Harto, ¿Entendés? No podes ir por la vida comportandote como un mequetrefe... Fue el colmo, Ezequiel, el colmo. -Decía su padre.
-¡No es justo! ¡No quiero! ¡No podes obligarme a ir! ¡NO! -Le respondió el.
-Soy tu padre, vos haces lo que yo diga. Y vos vas a ir al internado, te guste o no.
Un hilo de sudor frío recorrió la espalda de Gabriel. Por un momento, todo pareció detenerse. Todo pareció irreal, inexistente. Solo existían él y las voces de su mejor amigo y de su padre. Porque era imposible, era inpensable, era irreal, la idea de que Ezequiel se iría para no volver por largos años.
La discusión se prolongó por una hora más, pero nada de lo que Ezequiel dijo pudo cambiar la decisión de su padre. Despues de eso, su padre se marchó. Y Ezequiel se tiró en su cama, llorando sin disimulo. El sabía que Gabriel lo había estado esperando debajo de la ventana, que había escuchado todo. Aquella noche, confundidos con los llantos a gota tendida de Ezequiel, podían oírse los sollozos reprimidos de Gabriel.

La noche moría lentamente, impotente al nacer de un nuevo día, cuando Ezequiel volvió a despertar.
-¿Donde estoy? ¿Que hora es? ¿Esta servido el desayuno? -Preguntó.
-Estas en mi casa, son alrededor de las seis de la mañana y si, el desayuno esta servido. Puedo ver que, al menos, no has perdido tu apetito, Ezequiel. -Le respondió Gabriel mientras le daba un vaso con leche y algunos panecillos.
Ezequiel comió como muerto de hambre, sin dejar ni una migaja de pan. Una vez la comida se hubo acabado y su esofago se hubo destapado, Ezequiel continúo hablando.
-¿Quien sos vos? ¿Porque quisiste abrazarme? ¿Como sabes mi nombre? ¿Donde estoy? -Dijo, volviendo al ataque.
-Soy Gabriel, ¿No te acordas de mí? Se tu nombre porque fuimos amigos de toda la vida. Y la última pregunta ya la respondí. Pero la ampliaré si es necesario: Estamos en el mismo pueblucho sin nombre donde naciste y pasaste toda tu infancia.
-¿Amigos? ¿De toda la vida? ¡No te recuerdo! ¿El pueblo donde nací? Yo... -Ezequiel se llevó las manos a la cabeza- Agh... Me duele... No... No puedo recordar...
Gabriel posó su mano sobre la frente de Ezequiel.
-Fiebre no tenés... ¿De verdad no te acordas de nada? ¿De mí? ¿De todas las cagadas que nos mandamos juntos?
-Nada... ¿Gabriel, no? -Gabriel asintió con la cabeza- No recuerdo nada... ¿"Las cagadas que nos mandamos juntos"?
-¿Cuando le robamos el ajedrez de bronce a Gonzalez? ¿Cuando nos agarramos a las piñas con los hermanos García? ¿No te acordas? ¿De Alejandra? ¿De nuestro refugio?
-¿Alejandra? ¿Quién...? ¿Refugio?
-Si, nuestro refugio. ¿Queres verlo?
-Eh... Si.
Ezequiel se incorporó de la cama y, aunque algo mareado, siguió a Gabriel hacia fuera de la casa, con rumbo al bosque. Gabriel estaba preocupadisimo, ¿Como podía ser que Ezequiel no se acordara de nada? ¿Tan superflúa era su amistad? No, eso era una estupidez. Solo le quedaba rezar por que Ezequiel recordara algun que otro objeto de los que había en el refugio. Mientras caminaban por el bosque, Gabriel recordaba..
Eran las doce del mediodía de un día nublado. La amenaza de una proxima lluvia había puesto a todos en sus casas. Excepto tres personas. Ezequiel, don Francisco y Gabriel. Los dos chicos se abrazaron entre sollozos, y se prometieron no olvidarse. Entonces Ezequiel se tiró al suelo, tragandose su orgullo, se abrazó a las rodillas de su padre y suplicó su perdón, le suplicó que no lo mandara al Internado. Pero todo fue en vano. Don Franciso obligó a Ezequiel a entrar en la carreta que lo llevaría a su destino. El, desde uno de los agujeros improvisados que servían de ventanas, miró a Gabriel, con los ojos anegados en lagrimas. Gabriel solo puedo responderle con una mirada de desolación antes de que el conductor azotara a los caballos y que el carro comenzara a avanzar a toda velocidad. Gabriel siguió la carreta a traves del bosque durante varios kilometros. No se detuvó ante el viento, ni siquiera cuando una lluvia torrencial cayó sobre el mundo. Finalmente, cayo rendido. Solo pudo contemplar, llorando a moco tendido, como su mejor amigo se iba.
Gabriel guió a Ezequiel a través del bosque, hasta detenerse frente a un árbol que no tenía ninguna particularidad con respecto a los demas. Ezequiel miró confundido a Gabriel, que le guiñó el ojo y comenzó a trepar el árbol.
-¡Espero que de esto no te hayas olvidado! -Le gritó.
Ezequiel, con una sonrisa, comenzó a trepar, aunque sin tanta confianza ni agilidad como Gabriel. Milagrosamente, las ramas del árbol seguían soportando el peso de sus ya bastante crecidos cuerpos. Tras varios minutos de subida, pudieron ver una pequeña y mohosa casita de madera construída donde solo podrían encontrarla quienes sabían donde estaba. Una vez arriba, se colaron por una abertura hacia el interior de la casa.
-Tuve que traer el hacha y ensancharla a la entrada -explicó Gabriel- Porque ya no entraba mas.
-¿Que... es este lugar? -Pregunto Ezequiel, mirando alrededor como atontado.
-Dale, Eze, ¡Dale! Mira a tu alrededor... ¿Nada reconocés? Mira acá, por ejemplo -Dijo Gabriel mientras se acercaba a la mesa- En esta mesa nos comimos los panecillos de la gorda Sosa, y con ese mapa planeamos todas nuestras travesuras... ¿No te acordas? -Continúo, dirigiendose hacia los "trofeos"- El balero de Jimenez, ¡El ajedrez de bronce de Gonzalez! Eran los dos unos presumidos... Fijate bien aca, porque este diente es tuyo y es de la vez que nos cagamos a palo con los hermanos García... ¿Nada? -Dijo, perdiendo la esperanza al ver el gesto negativo de Ezequiel. Pero entonces...- ¡Ajá! De esto no te podes haber olvidado, estabas como loco por ella...
-¿Ella? -Dijo Ezequiel, arqueando las cejas.
-Alejandra, boludo, Alejandra. Tu amor platonico desde que la conociste por primera vez. ¿Nada? -Aún sonreía- ¿Y si te muestro esto? -dijo mientras abría la caja en la que se encontraba...- Su collar, Ezequiel. El collar de Alejandra. Y esta... -Dijo mientras sacaba el fondo falso de la caja- ...es su foto, Ezequiel.
Gabriel sacó la foto del fondo falso de la caja y se la entregó a Ezequiel, que, por un momento, se quedó mirando la foto de una niña pelirroja que no conocia. Por un momento, Gabriel perdió la esperanza. Pero entonces...
-A ella yo la conozco... Sí, creo que pensé en ella los primeros días en... ¿En donde? Pensé en ella y en él como loco. ¿Él? ¿Quién es él? Me acuerdo que con él... A esta chica le afanamos algo... Pero... ¿Que...? -Ezequiel pensaba, completamente concentrado. Por un momeneto pareció no dar con la respuesta, hasta que fijó los ojos en el collar que Gabriel sostenía en su mano. Luego volvió a posar su mirada en la foto y pudo reconocer, en el cuello de la niña, el mismo collar.
Lentamente, levantó la cabeza. Tenía una cara de atontado que solo se tiene cuando se descubre algo inconcebible. Miró a Gabriel un momento, luego volvió a mirar la foto, y por último posó su vista en el collar.
-¡GABRIEL! -Gritó como loco mientras lo abrazaba- Gabriel... Amigo mío... ¿Como he podido olvidarte?
Gabriel le devolvió el abrazo. Se miraron a la cara y comenzaron a reír de pura dicha.
Y Gabriel y Ezequiel ríeron, rieron como niños. Ambos sabían que había algo raro. Ambos tenían la intención de llegar al fondo del asunto. Sin embargo, en ese momento de felicidad, se abrazaron y olvidaron todo. El sol salía, marcando el inicio de un nuevo día. Los pajaros emprendían vuelo, llenando el aire con sus canticos. Gabriel no podía estar más feliz, pues había recuperado a su amigo. Y, posada sobre un árbol identico a los demas, una vieja casucha volvía a llenarse de risas.

#2 Re: La Amistad de Gabriel y Ezequiel 1 y 2 el Sáb Ago 10, 2013 10:29 pm

Cuervoso

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Sólo he leído el primer capítulo, para poder hacer la crítica de manera más específica.

La historia me pareció interesante y entretenida en igual medida. Cómo dos jóvenes traviesos entablan amistad. No hace falta adentrarse en una sangrienta guerra ni nada de eso para llamar la atención. Los protagonistas simplemente enfrentan situaciones banales con gracia. Me recuerda de cierta manera a aquel cuento clásico estadounidense cuyo nombre no recuerdo xD.

En cuanto a la narración y la escritura, la ortografía es uno de los detalles que debes cuidar un poco más, sobre todo en cuanto a las tildes, las que no son revisadas por los procesadores de texto, como las diferencias entre "el" y "él", "ésto" y "esto", "sólo" y "solo" o "qué" y "que". Si lo deseas te puedo ayudar en eso. Además, quizás no sea tan importante, pero consideraría más adecuado utilizar un vocablo neutro al argentino en los diálogos, aunque es sólo una opinión personal; de alguna manera igualmente le da un toque distinto.

Por otro lado, encuentro que hay algunos detalles incoherentes en el relato, los cuales son de toca importancia, pero igualmente afectan un poco en la parte estética a la hora de leer. Como, las que encontré en el primer texto:

@llavebulacio escribió:Era un conjunto de granjas circundadas por un bosque. La tierra era árida, el clima inhóspito y las cosechas malas.
Lamentablemente para tu persona, yo he llegado a este tema (vivo en medio de un bosque valdiviano y tengo amplios conocimientos, tanto teóricos como prácticos xD).

Es imposible que exista una tierra árida en el terreno circunstante a un bosque, por varias razones, entre las más relevantes está que un bosque lleva a cabo una tarea de conservación de suelo y humedad, evitando que éste se desertifiquen, además de controlar los flujos hidrológicos. Por otro lado, para que un bosque se desarrolle ya deben existir las condiciones necesarias para ello, por lo que es imposible que se haya desarrollado en un área desértica.
@llavebulacio escribió: Era alto, de un metro setenta
No sé mucho de la altura promedio de cada país, pero tanto en mi país, como la cultura global, el metro setenta es un tamaño promedio. Si fuese por ti yo sería un gigante xD.

Saludos.



Última edición por DarkRaven el Sáb Ago 10, 2013 11:35 pm, editado 1 vez






Cuervoso! No te pases ¬_¬

#3 Re: La Amistad de Gabriel y Ezequiel 1 y 2 el Sáb Ago 10, 2013 10:47 pm

llavebulacio

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Las incongruencias xD Soy pesimo para las alturas, lo siento. Intentaré arreglarlo xD Tienes razón con lo de los cultivos... Bueno, tal vez "la tierra no era árida" sino que las cosechas eran malas xD ¿Mejor? xD
Me estoy pensando mucho el tercer relato. De todas maneras en mi tiempo libre escribo historias cortas (Generalmente monologos) por puro placer. En algun momento de la semana seguramente publico algunas xD

Gracias por leer y prometo seguir practicando Ópalo Guiño

#4 Re: La Amistad de Gabriel y Ezequiel 1 y 2 el Dom Ago 11, 2013 1:45 am

Cuervoso

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Je, a mi parecer decir que las cosechas eran malas está bien xD.

Además, se me olvidó comentar que te hubiese recomendado separa los puntos a parte en párrafos, para facilitar la lectura, además, se ve mucho más bonito xD.

Gracias por tomar en cuenta mis consejos.

Saludos.






Cuervoso! No te pases ¬_¬

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