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#1 60 días de mi vida el Vie Ago 10, 2012 12:35 am

DebianRDT

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Normalmente dedico la mayoría de mi tiempo de inspiración a la novela de fantasía que estoy escribiendo pero de vez en cuando, cuando no tengo el documento a mano, también escribo alguna cosilla que otra. Normalmente suelen ser relatos a los que ni siquiera me planteo darles continuación pero en este caso pues tengo la intención de realizar 60 capítulos sin caer en magia, espadas y dragones xD.

Capitulo 1
Spoiler:




Abrió sus ojos y su sueño terminó. La sensación de desconsuelo y rabia volvieron a recorrer su cuerpo, al igual que la noche anterior. Escudriñó las cuatro paredes que componían su apartamento, en ellas no había nada nuevo: una encimera con vitrocerámica, un frigorífico blanco donde colgaba con imanes sus escasas notas, una mesa con comida fría, un sofá viejo y roído, y una televisión sobre unas cajas de madera, además del colchón tirado en el suelo sobre el que dormía. Fuera estaba lloviendo y el sonido constante de las gotas golpeando al cristal eran un elemento más a su triste vida.


Se levantó de la cama aun con sueño pero con la certeza de que no volvería a dormirse sin importar las pastillas que tomara. Deambuló hasta el frigorífico en busca de algo para humedecerse los labios. Pero dentro había tan poca variedad como en su habitación: un trozo de queso a medio terminar y un cartón de leche empezado. Con desilusión cerró el frigorífico y se acercó a la mesa para coger el único vaso que poseía, estaba vacío. Se dirigió hasta el fregadero que había junto a la encimera y lleno el vaso. Sus movimientos reflejaban su estado de animo, gris, apagado y automatizado.
Después de refrescarse la garganta dejó el vaso boca bajo en el fregadero y retornó a la cama, donde empezó a dar vueltas de un lado para otro hasta volver a desesperarse por el hecho de no dormirse.
A pesar de que no entraba en sus planes para ese día cogió una caja que le habían traído aquella mañana, la tenía a los pies del colchón, y con parsimonia e incertidumbre la comenzó a abrir. Dentro había una grabadora negra, un paquete de pilas y un estuche llenó de tarjetas de memoria sin estrenar. En un impulso desesperado con la esperanza de poner fin a su aburrimiento y monotonía abrió la grabadora y le colocó las pilas y una tarjeta de memoria.

«Hola...mi nombre es Benjamin y...no se muy bien por que estoy haciendo esto, no es como cuando jugábamos de pequeños. No supongo que no»

Benjamin apagó la grabadora y la dejo sobre la cama, se levantó y miró atreves de la ventana. Y entonces una idea pasó por su cabeza, era una buena idea dada su situación que le ayudaría a pasar el tiempo y a no sentir tanta soledad.

«Mi nombre es Benjamin y esta es mi historia, supongo que te gustara tener algo que escuchar cuando puedas hacerlo y aunque mi vida no sea nada interesante quizás te alegre saber de como me van las cosas.
Cuando ocurrió aquello me fui de la ciudad, buscaba oportunidades una vida mejor pero ahora que miro todo lo que he conseguido...dios, ni si quiera sé como empezar a contar una historia sobre mi mismo, no sé si a ti te pasaba lo mismo. Al principio creí que todo iría bien, que te recuperarías pronto y eso pero ya han pasado cinco años y todo sigue igual, ¿conoces esa sensación de saber que va a ocurrir algo pronto y vivir pegado al teléfono esperando alguna noticia? Sin duda es un buen reflejo de como me sentí al principio pero ya no espero que nadie me llame, esa etapa la pasé después de casi un año, ahora solo paso los días sin más.»

Benjamin cortó la grabación de nuevo y se acostó, aquella idea que en un principio le había parecido un detalle bonito poco a poco se estaba convirtiendo en una dolorosa recreación de los hechos que le habían llevado hasta ese pobre apartamento lejos de lo que le había soñado en la vida.
Sin dejar de mirar la grabadora pensó en lo que realmente debería contar, la historia de su vida, llena de sucesos desafortunados o algo alegre que mereciese ser escuchado.

«Al final no conseguí hacerme un hueco en el mundo de los negocios. Cuando llegué aquí abrí un pequeño comercio con el dinero que habíamos juntado, me habría gustado enseñártelo pero al igual que cuando compre este apartamento no me fije en el barrio ni en nada más que el precio y lo grande que era, después empezaron los atracos y poco a poco la gente dejó de venir a la tienda —suspiro—. Cuando eso ocurrió todavía tenía algo de dinero y amigos que podían darme trabajo pero cada vez me llaman menos, hace una semana que no salgo de casa aunque la comida se antoja como una buena razón para salir —risa con tono sarcástico—. Supongo que no puedo quejarme, yo al menos estoy aquí, ya sabes, pero te prometo que cuando puedas escu...—unos gritos retumban por todo el edificio—. ¡Maldición! Ya están otra vez. Son los vecinos de arriba, siempre se están peleando. Tengo un poco de insomnio ¿sabes? Y algunas veces cuando consigo dormir ellos me despiertan, siempre igual. ¡Dios! Ya no sé ni por donde iba, aunque no importa, al igual que otras muchas cosas que se graban esto solo será motivo de risas y burlas.
Bueno creo que lo mejor será que te cuente como es mi palacio. En primer lugar esta mi habitación principal —Ben se paseaba por la habitación detallando cada cosa que encontraba—. No es muy grande, a decir verdad tengo que dormir sobre un colchón que encontré porque no había espacio para una cama fija, ni dinero para una de esas camas que se ponen en la pared. Tengo una televisión sobre unas cajas, sé lo que estas pensando, pero no lo he hecho por recordar los viejos tiempos, solo por necesidad. También tengo un sofá, es cómodo aunque ya tiene sus años.
Pasemos a mi cocina, es...compacta, una encimera con su vitro y su fregadero; también tengo un frigorífico donde guardo la comida y pego las cosas que me van saliendo. Ahora mismo no hay nada —reconoció Ben con tristeza—. Y ahora vamos para el cuarto de baño, es más grande que la cocina pero tien...—Ben interrumpió su frase bruscamente—. ¿Qué es..?».

Ben apagó la grabadora y la soltó sobre la cama. Frente a la puerta principal había una carta que alguien había dejado por debajo de la puerta, la primera vez que Ben se había levantado no estaba allí, alguien la había dejado mientras él hablaba a la grabadora.

«Tengo correo a estas horas de la madrugada —volvió a narrar Ben a la grabadora después de volver a cogerla—. ¿que me dirías si te contase que esto es lo más emocionante que me ha pasado últimamente? Espero que sea una admiradora secreta —Ben se sintió estúpido al pensar que estaba bromeando con una grabadora—. A ver que pondrá...—se escuchó el débil sonido del sobre mientras lo abría, después la risa nerviosa de Ben—. Muy gracioso, si si, muy gracioso —se escucha el sonido de la puerta mientras Ben la abre—. ¡Este tipo de bromas no tienen gracia! —gritó Ben en el rellano, pero nadie contestó—.
Los vecinos son un poco extraños, no hay muchos solo los del quinto y los del primero, yo vivo en el tercero, el apartamento que hay frente al mio esta vacío, quizás si este barrio mejorase podrías venirte a vivir aquí algún día. Mañana cuando pille a los del primero les voy a enseñar a no molestar, es un matrimonio con dos críos pero ese mocosos son unos salvajes, todo lo que se rompe en el edificio lleva su marca ¿y sabes que se les a ocurrido hacer? Enviarme una carta amenazadora. Ya sabes como en las películas en las que al bueno le llega una carta escrita con sangre, sesenta días han escrito con rojo. Si no fuera porque ya tengo veintisiete años les enviaría yo otra pero ya soy demasiado mayor para andar retandome con unos chiquillos.»

Ben dejó la grabadora sobre la encimera e hizo una bola de papel con la carta para después tirarla a una esquina de la habitación. Volvió a la cama con una sonrisa en los labios, hacía tiempo que Benjamin no sonreía y también hacía mucho tiempo que no hablaba tanto, normalmente su trato con el resto de la sociedad se limitaba a un saludo por educación las mañanas que encontraba a alguno de sus vecinos pero nunca decía más de cinco palabras. Aquella experiencia fue como volver a su antiguo ser, cuando podía estar con las demás personas sin sentirse mal, cuando podía estar a gusto consigo mismo.
Sin darse cuenta quedó dormido y así estuvo hasta bien entrado el mediodía, hacía meses que no dormía tan bien y le costó desperezar los músculos más de lo que normalmente le costaba. Preparó el desayuno rápido, como si hubiese adquirido un nuevo cuerpo y estuviese ansioso por ver hasta donde podía llegar, bajó a la tienda y compró todo lo necesario pero a pesar de la alegría y la fuerza con la que se había despertado aquella mañana al salir por la puerta de su pequeño apartamento fue como si una pesada losa de piedra cayera sobre su espalda. Volvió a ser el Benjamin de siempre, reservado, frío y callado que nunca decía más de cinco palabras. Compró todo lo necesario para no tener que volver a bajar en una semana y sintió un gran dolor en el pecho cuando llegó la hora de pagar por la comida; el dinero de Benjamin se estaba acabando y cada vez le costaba más desprenderse de él.
De vuelta al edificio donde vivía se cruzo con la persona que quería cruzarse aquella mañana.
—Señor Walter —dijo cordialmente Benjamin, algo que sorprendió a al padre de los niños, Ben nunca le había dirigido la palabra por iniciativa propia—. Me gustaría que sus hijos no volvieran a meterme cartas amenazadoras por debajo de la puerta.
El gestó de aquel hombre se ensombreció y endureció.
—Y a mi me gustaría que no echarais la culpa de todo lo que pasa en el edificio a mis hijos —respondió con aspereza.
El tono asustó a Benjamin que no estaba muy acostumbrado a tratar con personas y menos aun con personas que mostraban cierto grado de hostilidad hacía él; el señor Walter no tenía fama en el edificio de ser violento pero tampoco tenía fama de lo contrario.
—Sus hijos colaron esta madrugada una carta en mi casa —replicó Ben con la cabeza agachada—. Solo digo que me gustaría que no lo volvieran a hacer.
El pecho del señor Walter se hinchó y su rostro mostró más signos de su indignación.
—Mi hijo pequeño lleva tres días con fiebre y anoche estuvimos en el hospital. Mi mujer, mi hijo mayor y yo estuvimos con él —le levantó un dedo—. No me gusta que le echen la culpa de todo a mis hijos, así que no vuelvas a hacerlo sin pruebas, ¿esta claro?
Ben no dijo nada, solo se metió en el ascensor de donde el señor Walter salía, ni siquiera le despidió por temor a que la furia de aquel hombre brotase en mal momento.

Cuando Ben abrió su puerta miró por si había una nueva carta o nota, pero allí no había nada, pasó la vista por su habitación para buscar la bola de papel que había hecho pero su mirada acabó llegando a la grabadora.

«Me he encontrado al padre de los niños en el rellano, estaba saliendo del ascensor y yo lo he interceptado, pensé que mi voz sonaría convincente y podría amedrentarlo pero al final —Ben se sentó en el suelo—. Tenias razón, tu siempre has sido más valiente que yo, siempre has sido más decidida que yo —por fin sus ojos se toparon con la carta arrugada, la cogió y la abrió como una flor—. La tinta esta algo corrida, no lo han hecho a rotulador, se había secado al instante —se podía escuchar el sonido de las uña de Ben rozando el papel—. ¡Dios! Esto creo que es sangre —Ben probó uno de los trozos que había conseguido desprender—. Sabe como a hierro, es sangre...—la voz de Ben era más débil y más asustada a cada palabra que pronunciaba—. ¿Quien puede ser tan macabro como para hacer esto? —Su respiración se acelera—. Tenemos que ir a la policía, ¿eso es lo que tú me dirías? —Benjamin quedó mirando la grabadora, una parte de su corazón deseaba que de aquel aparato saliera la voz que necesitaba oír en ese momento—. ¿Que estoy diciendo? Solo eres una grabadora.»

Benjamin la apagó y la volvió a dejar en la encimera. El viaje hasta la comisaría era largo y él no tenía vehículo así que cogió su larga chaqueta de cuero marrón y su gorro de lana negra, así como sus guantes de lana negra. Ben siempre que se vestía con esa ropa se sentía como un mendigo, pero era un atuendo abrigado para el frío invierno del norte de America.

#2 Re: 60 días de mi vida el Lun Ago 13, 2012 8:39 am

MidnightMoon

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¡Oh! Muy bueno, así como comencé a leer me atrapo, una historia un poco cruda por lo común del caso, ya que muchas personas viven en las mismas condiciones que él y eso se vuelve deprimente.
Tu ortografía muy buena y eso siempre se agradece, al igual que tu redacción la cual también estuvo muy bien lograda.
Suerte y sigue así.

Nos estamos leyendo.

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