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#1 Dallian, la Guerra de los Tres Mundos. el Lun Feb 06, 2012 8:51 pm

Aarl

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Prólogo:
El tan esperado momento llegó. Por fin, el tirano rey Gunslinger salía de su carruaje, con su hipócrita cara como carta de presentación. La muchedumbre respondió con abucheos, e insultos por parte de los más atrevidos.
El rey era protegido por su Guardia Real, que hacía de muro contra la multitud, para proteger al tirano monarca de Bernabéu.

Con mirada atenta, Corver, Capitán de la Guardia Real, escrutaba el gentío, en busca de aquel sujeto. Un soldado se le acercó.

-¿Hay rastro de él? -preguntó Corver.
-No, pero estamos seguros de que vendrá -respondió el joven Guardia.
-Está bien, manteneos alerta.

Corver no podía quitarse de la cabeza del sujeto de quien hablaban. Se trataba de un Asesino cuyo objetivo era acabar con la vida del monarca. Obviamente, Corver tenía al rey tanto o más odio como los demás, pero al menos cobraba por proteger su vida. Y el cliente siempre tiene la razón.

Al estar sumido en sus pensamientos, Corver no se dio cuenta de que un chavalín muy joven acertó a impactar con un tomate la cara del rey. La multitud calló de pronto.

Un Guardia se acercó al jovenzuelo, a punto de darle sentencia con su espada por tal osadía, mas inmediatamente cayó al suelo con un cuchillo clavado en sus cervicales.

El Asesino se abrió paso a través de la multitud, luciendo ropas negras y rojas.

-Sí que has tardado en aparecer, héroe del pueblo -dijo Corver sin inmutarse apenas.

-Puedes llamarme Huete -dijo el Asesino dando muerte a dos Guardias a la velocidad del rayo.

-Nadie atenta contra la vida del rey -espetó Corver desenvainando su espada plateada.

-Es tu rey quien lleva gafas, pero eres tú el ciego. ¿No ves que es un tirano? Mata al que le da la gana y se acuesta con tu hermana.

Corver no respondió a semejante ofensa, hasta que se lanzó a por Huete.

-¡¡Guárdate de mi espada, Asesino!! -se alcanzó a oír.

Capítulo I:
Huete solo pudo empujar con el pié al guardia que lo hostigaba y se defendió del agresivo lance de Corver.
El Guardia parecía haber cambiado por completo. Ahora mostraba una furia tal que Huete era casi incapaz de poder contener sus ataques. Se apartó a tiempo de un tajo vertical que el joven peliazul soltó con fiereza y le espetó un severo codazo en el rostro al Guardia, el cual retrocedió un par de pasos, con la nariz sangrando.
-Dita sea... -llegó a decir el guardia.
Huete aprovechó la iniciativa para sacar la ballesta y cargarla. El rey echó a temblar, pensando que ese perno podría entrar en sus sesos cual mosca entra en una casa. Parecía que Huete iba a disparar cuando su ballesta estalló en pedazos.
El revólver de Corver echaba humo.
-Ya te lo he dicho -dijo terminándose de limpiar la nariz-. Mientras me paguen por proteger al rey, nadie atentará contra su vida -entonces Corver tiró el revólver al suelo.
Huete volvió a ponerse en guardia, pero recibió un fuerte golpe en la cabeza.

---**---**---

Lo que vio Huete al despertarse le hizo poca, por no decir nada de gracia.
Se encontraba en lo alto de un montón de paja, y veía como a su vera se encontraba un soldado con una antorcha y un clérigo con la Biblia en la mano.
-Joven pecador, ¿te arrepientes del infructuoso atentado que has llevado a cabo sobre la persona de Su Majestad y pides clemencia a nuestro Señor Todopoderoso y Misericordioso?
-Yo no me arrepiento de nada, viejo -espetó Huete, y escupió a los pies del sacerdote.
-Que Dios se haga contigo, hijo mío.
El soldado prendió la paja, y Huete esperó morir allí calcinado cuando de repente una gota le cayó encima de la cabeza. Y otra; y otra. Empezó a diluviar, con mucha fuerza. Cayeron cantidad de rayos, la gente huía y nadie notaba cómo por la calle cuatro jóvenes de la misma indumentaria que Huete avanzaban por la calle.
-Eh, Huete, te hemos salvado el culo -dijo medio entre risas el mas cercano al joven atado a la hoguera.
-Cállate, Suárez -dijo Huete de muy mal humor.
-Anda, coge un caballo y vayámonos -dijo Martín, muy serio, más de lo normal.
-Es cierto -dijo Urdi-. Debemos irnos por el camino que sabe Chema.
-Chema es tonto, Urdi -dijo Martín.
-Eh, eh, a callar, que tú es que no tengas muchas luces -espetó el interpelado.
Los 5 asesinos salieron al galope de la ciudad. Corver, desde una almena, pudo ver cómo 5 diminutas sombras se alejaban a considerable velocidad de Bernabéu.
-¡¡Mierda!! -soltó Corver.

Capítulo II:

La sala del trono estaba casi desierta. Un silencio reinaba en el ambiente, solamente interrumpido por la respiración de Corver.
-Así que no los has detenido -se oyó desde el trono al rey. Su voz no denotaba furia ninguna, mas Corver no era capaz de imaginar el castigo que podría llevarse por su despiste.
Corver no respondió, para evitar meter la pata.
-Bueno, me da igual el método, pero los quiero aquí en menos de un mes.
-Sí, señor -respondió Corver con un hilo de voz.

Mientras, en un camino muy apartado de la Carretera Real, cuatro asesinos estaban cruzando un penumbroso bosque.
-Sigo pensando igual que Chema, debíamos haber esperado a David, como él -dijo Suárez.
-Lo repetiré por última vez -dijo Martín-. Chema es tonto, Suárez.
-¡Calla! -dijo una voz.
Delante del grupo se materializaron dos figuras. Eran Chema y David.
-Me deberíais haber esperado -dijo David con un ápice de rencor.
-Siendo mago como eres no deberías tener muchas dificultades para encontrarnos -sugirió Huete.
-Bueno, vale, el caso es que ya estamos los seis -cortó Urdi por lo sano.
David echó a andar, con el único apoyo de su bastón.
-Os enseñaré el refugio.

Tras quince minutos de viaje, David les mostró a los asesinos una casa diminuta.
-¡Qué pequeña! -dijo Suárez.
-Oh, perdone -respondió David con sorna-. El señorito quería el Palacio de Versalles.

Cayó la noche. Corver andaba por paso firme por una avenida oscura, con un insoportable olor a alcantarilla.
Se encontraba en los barrios de mayor delincuencia de Bernabéu.
-Jolín -pensó-. No podía vivir en otro sitio más agradable. ¿Era mucho pedir, corcho?

Llegó a una pequeña casa. Bueno, en realidad todas eran pequeñas, pero esa era pequeña en especial. Según sus indicaciones, debía buscar una casa pequeña. Llamó a la puerta, vio como un jovenzuelo se asomaba. Éste le abrió la puerta, dejando ver unas escaleras que parecían no tener fondo.

Corver, al bajar las escaleras, se encontró en un oscuro antro.
-Bonita decoración... -dijo Corver, tirando a la mesa una bolsita de cuero que tintineó.
-Ja, ja. Como siempre, muy chistoso el señor Guardia -se oyó decir a una voz quebrada desde la sombra. Ésta palpó la bolsa, y permaneció así, en un cálculo aproximado de cuánto dinero podría haber allí-. Parece mucho, señor Corver... Es un cargo importante, ¿me equivoco?
-Debes matar a cinco asesinos que huyeron esta mañana de Bernabéu.
La figura de la penumbra se rió mas fuerte que antes, lo cual le erizó el vello a Corver.
-Asesinar cinco asesinos. Qué redundancia.
-El pago vale la pena. Los quiero muertos antes de la luna llena.
-No le defraudaré, señor -dijo la persona desde las sombras-. No por nada soy el mayor rufián de Bernabéu.

Capítulo III:
No era más de medianoche cuando Suárez, tras haberse despertado de un no muy confortante sueño en la choza de David, avistó un halcón durante su paseo nocturno que volaba rasante en el lago próximo a la cabaña. Tras quedarse embobado admirando el espléndido vuelo que exhibía el ave rapaz, pudo apreciar cómo un desgraciado búho caía en las garras del halcón.
Tras haber dado buena cuenta de su caza, éste fue a posarse en la mano de una persona que se hallaba sentada en la roca más alta del lago. Achinando los ojos, Suárez pudo adivinar que se trataba de Huete, que o bien casualmente tenía problemas de sueño como él, o es que se cumplía su teoría de la incomodidad de la cabaña del mago David.
No le llevó más de diez minutos llegar donde se encontraba sentado Huete.
-Hace una espléndida noche, ¿no crees? –fue el saludo que dijo Suárez.
-Es luna llena. Siempre que hace luna llena la noche es espléndida –respondió el Asesino con sequedad, lo que provocó una leve sonrisa en su camarada-. ¿Qué te hace tanta gracia?
-Nada, sólo me gusta tu forma objetiva de razonar –replicó con cierta ironía su compañero.
La corta conversación que los Asesinos llevaban a cabo se vio interrumpida por una veloz flecha envuelta en llamas que, para fortuna de Huete y desgracia del halcón, fue a clavarse en el pecho de este último, representando un claro error de un arquero emboscado entre los setos que pretendía acabar con la vida de Huete.
-Sospecho que si seguimos aquí corremos un grave peligro –dijo con su característico sarcasmo Suárez.
-¡Mira tú por dónde, no me había dado cuenta! –replicó con el mismo tono de voz Huete mientras se incorporaba y dejaba agonizando al pobre halcón en la roca.
Esa flecha no fue la única en ser disparada. Mientras los dos Asesinos corrían sendero abajo en busca de refugio en la cabaña del mago, otras tantas saetas cayeron cerca de su posición.
Quedaba poco para llegar cuando un espadón de considerable tamaño (que Huete dudaba apenas poder levantar) fue a caer sobre las cabezas de los Asesinos, pero Huete tuvo reflejos, empujó a su compañero y detuvo el espadón con las dos manos por los laterales, quedando pues en una extraña y comprometedora posición. En cuanto pudo controlar un poco la fuerza del tipo que lo había atacado, miró a la cara del individuo con objetivo de identificarlo. Al observar sus ojos de color anaranjado, enseguida sintió un escalofrío desagradable por todo el cuerpo y notó como si una corriente eléctrica consumiera sus fuerzas.
Cuando parecía que iban a decaer por completo su energía y que el espadón lo partiría en dos, Suárez, recuperado ya del empujón y de la sorpresa, soltó una terrible patada en la cara del tipo, que era bastante alto y fornido.
Huete pudo zafarse de la presión que sufrían sus brazos y se apartó. Fue entonces cuando el hombretón habló. Su voz era tan desagradable como un rechinar de dientes y tenía un acento serpentino.
-Ah, os he subestimado, Asesinos. Sois más fuertes de lo que pensaba. Sin embargo –añadió incorporándose y ganando por tanto unos cuantos centímetros de estatura- creo que vosotros también me habéis subestimado a mí.
Los dos Asesinos se lanzaron encima del hombretón. Más bien, eso es lo que les hubiera gustado hacer, porque su cuerpo no respondía de ninguna forma, como si estuviera terriblemente paralizado por el miedo. Pero no era miedo lo que sentían, ni mucho menos. Era pavor, era terror. No era lo que sentían en realidad, pero una especie de ilusión intentaba hacerles creer que estaban aterrorizados por ese tipo. Fue entonces cuando Suárez cayó en la cuenta de quién era el ser que los atemorizaba.
-Tú... tú eres... ¡Marshall Mirada de Basilisco! –exclamó con voz temblorosa.
-El que viste y calza –respondió con voz serena (pero igual de horripilante y seca como antes) el hombretón-. El mayor rufián de Bernabéu.

Capítulo IV:
Corver fue llamado a los aposentos del rey a una hora impensable. No eran más de las cuatro de la madrugada cuando un crío, al parecer dedicado ya a tan pronta edad a servir a Su Majestad.
-El rey Gunslinger le requiere en sus aposentos inmediatamente.
A lo que Corver no respondió, y simplemente se levantó, se puso su chaqueta de la Guardia Real y salió de su habitación hospedaje en la Residencia de la Guardia de Su Majestad. El chaval lo acompañaba desde atrás, con admiración y a la vez con temor de su persona. Cuando Corver salió del recinto, se dio la vuelta para decirle al chaval:
-Vuelve a tu casa, chico. No voy a ir por la calzada, tardaría demasiado.
El pequeño tan solo se limitó a asentir y a salir corriendo hacia su casa. Sus padres debían de estar preocupados por él.
“Vergüenza debería darle al rey de las narices, enviar a un niño a las horas más peligrosas de la noche a buscarme para sus caprichos”.
Acto seguido, el Guardia cogió carrerilla y saltó ágilmente hacia el muro de una casa pequeña, agarrándose al balcón de la primera planta. Acto seguido, apoyándose en el balcón, pudo agarrarse al canalón del tejado de la casa y subirse a éste. Acto seguido no tuvo más que seguir la serie de tejados hacia el Castillo Real de Bernabéu.
No tardó más de dos minutos en llegar al tejado más próximo a las murallas del castillo. Fue entonces cuando realizó un acrobático salto y se aferró a unos ladrillos que previamente él ya había soltado hace tiempo para facilitar la escalada del grueso muro. Cuando ya pudo sobrepasar la muralla, saltó hacia los jardines reales. Las veces que había realizado esta acción ya le habían permitido coger la práctica necesaria como para no emitir sonido alguno al caer con delicadeza a la fresca hierba del jardín.
Aquella intromisión en el castillo era debida a la extrema precaución que el rey mantenía para evitar asesinatos traicioneros nocturnos. El puente levadizo se halla levantado por las noches y alrededor de 20 Guardias de su escolta personal rondan por su jardín y por los pasillos. Como no iban a bajar el puente para que únicamente pasara el Guardia Jefe, éste se las tenía que apañar para traspasar la muralla y colarse en los aposentos del Rey.
Los aposentos del rey tenían una lúgubre apariencia. Una solitaria antorcha cubierta por cristal iluminaba la amplia estancia. El rey reposaba en su enorme cama, acompañado al lado de su doncella personal, el cual tenía cara de funeral. Corver entró cual relámpago por la ventana e ipso facto se colocó en una pose de respeto.
-¿Deseaba algo de mí? –murmuró.
El rey se movió, intentando acomodarse en los suaves cojines de su camastro.
-Corver... –dijo mientras se desabrochaba el camisón de hilos de plata y oro-. Observa.
El rey mostró su pecho, más ennegrecido que la última vez que Corver lo vio.
-Me muero, Corver. Esta peste puede conmigo. He probado toda clase de ungüentos, de pócimas, de hechizos ideados por lunáticos... Y esta maldita peste no se va de mi cuerpo. Me muero por completo.
La doncella intervino con clara intención de subir escalones en la estima del monarca:
-No diga es, Majestad. Usted es un hombre fuerte, no puede morir y...
-¡¡CÁLLATE!! –bramó el enfermo monarca. La muchacha tragó saliva y se retiró a la sombra de la habitación-. Quería pedirte algo, Corver.
-Lo que usted desee, Majestad –respondió el Guardia.
El rey miró hacia la ventana, pensativo.
-Fíjate, todo este reino, Bernabéu... me ha pertenecido tantos años... Sería una auténtica lástima que ningún digno sucesor las heredara. El otro día estuve investigando, y descubrí un desierto con célebres ciudades, conocidas por la belleza de sus mujeres y, por supuesto, la de sus niños. Y decidí que debía ser uno de esos hermosos pequeños el que me sucediera en el cargo de monarca de Bernabéu. Por ello he pensado en enviarte al frente de una cuadrilla con mis mejores exploradores, cartógrafos y guerreros para ir a por uno de esos bellos jóvenes para que lo traigas hacia aquí.
Corver meditó aquello que había dicho su rey durante unos segundos.
-¿Qué le hace pensar que nos entregarán un niño tan fácilmente, Majestad?
-No tenía pensado precisamente pedir que nos lo entreguen. Concretaré más –añadió el rey-, quiero un niño y destruirás una ciudad entera si hace falta. De hecho, es lo que harás. Llevamos tiempo en guerra con un país del desierto, Il-Ah Jamad. El rey tiene un hijo que es conocido por ser apuesto, Micael Guadalar. Tiene apenas 13 años. Quiero ese niño. Ya sabes qué hacer.
-Majestad... en ese palacio nos espera toda su guardia real, su corte y su ejército. No veo adecuado partir en expedición a tal lugar. Perderíamos demasiados hombres.
Cuando Corver se dio la vuelta para marcharse por la ventana, igual que como entró, el rey dijo con tono desafiante.
-Veremos lo que opina Irina de esto.
Corver cesó de respirar.
-¿Va a volver a aprovecharse de mi hermana, Majestad? -dijo sin dejar notar la ira en su voz-. ¿No le es suficiente que yo esté a su servicio a costa de su cautiverio?
-Haz lo que te digo y tu hermana seguirá viviendo, Guardia Real.
Corver apretó el puño hasta que sus dedos sangraron.
-Al alba partiré a primera hora con su cuadrilla, Majestad.
-Así sea. Puedes retirarte, mi fiel siervo –dijo con una amplia sonrisa el rey.
Corver abandonó los aposentos del déspota monarca del mismo modo que había llegado.

Capítulo V:
-La brigada está lista para abandonar Bernabéu, señor –dijo con voz firme uno de los componentes de la cuadrilla que Corver capitaneaba. No obtuvo respuesta-. Señor... ¿me ha oíd...?
No le dio tiempo a terminar la frase. Corver lo había lanzado de una patada en el pecho diez metros más allá de donde se hallaban.
-Cállate. Sé que me lo has dicho, ¿me has visto cara de sordo? –espetó el capitán.
El joven Guardia que lo acompañaba lo observó, aterrorizado, como si se lamentara de haberse ofrecido voluntario en la expedición.
A la media hora el grupo entero partió. A diferencia del resto de la brigada, unos catorce, que iban a caballo, Corver optó por ir a pie, ante las quejas de los más experimentados guerreros que argumentaban que reduciría su ritmo, pero pronto verían sus palabras contradichas. Ni siquiera los caballos, que eran sin duda los más veloces del reino, podían seguirle el ritmo a Corver, que corría endemoniadamente rápido. Aquello resultaba increíble para estos guerreros, y en el grupo pronto se extendió el rumor de que el joven Capitán de la Guardia Real tenía un pacto con el mismísimo Diablo. Sin embargo, se cuidaban mucho de evitar tocar aquel tema cerca del Guardia, por el simple hecho de que sospechaban que una mirada le bastaba para matarlos a todos.
Cuando llegaron a la frontera del reino de Bernabéu con el país de Dalash, que linda con Il-Ah Jamad, el país de destino. Sin embargo, Bernabéu no debía de tener muy buenas relaciones últimamente con Dalash, porque sendas trincheras se extendían a lo largo de la frontera. No había batalla alguna pero se palpaba el ambiente de la guerra entre naciones.
El guerrero más experto de toda la cuadrilla intervino entonces.
-Estamos en guerra con Dalash, no deberíamos cruzar esta frontera. Deberíamos agenciarnos un barco e ir por mar a Il-Ah Jamad.
Corver no respondió y avanzó hacia las trincheras con paso pausado.
-¿No me has oído, mequetrefe? –repitió el guerrero, de nombre Därn. Era un hombre temido en Bernabéu, pues fue un esclavo recogido de los pueblos bárbaros del noroeste al que le lavaron el cerebro. Ahora era uno de los más fieles perros del rey. Se trataba de un sujeto de dos metros de alto y uno y medio de envergadura. Una persona en su sano juicio no se enfrentaría a él como barajaba ahora Corver, pero una persona en su sano juicio tampoco tenía la fuerza del Guardia.
-Iremos por donde a mí me dé la gana, monstruo.
Aquel comentario no debió de agradar demasiado al hombretón, porque sacó su enorme martillo y se lanzó raudo hacia Corver, ante la estupefacción del resto de la brigada. Corver no movió ni un músculo y permaneció en la posición en la que había insultado al bárbaro. Cuando parecía que el mazo de Därn iba a aplastarle los sesos como a muchos otros insensatos que se dejaban alcanzar por él, sonó un sonido como cuando la piel choca con el acero más resistente. Därn se vio sorprendido al notar que algo más fuerte que él había detenido el martillazo.
Al mirar lo que había delante de su martillo, se quedó mudo al ver que Corver había detenido el martillazo, el cual había aplastado tantos cuerpos, con la palma de su mano. Därn se disponía a lanzar otro martillazo, convencido de que aquello que había sucedido fue un golpe de suerte. Esta vez, en vez de detener el mazazo, Corver se movió un paso hacia su derecha y dejo que el martillo dejara un considerable hoyo en la calzada. Acto seguido, con un pequeño salto, Corver agarró de la barba a Därn y lo lanzó donde se encontraba el resto del grupo, a unos siete metros de distancia. Därn se golpeó con la dura piedra de la calzada en la cabeza y cayó noqueado.
-¿Alguien más comparte la opinión de este desdichado monstruo? –preguntó Corver, a sabiendas de que era una pregunta retórica-. Perfecto –respondió ante el reinante silencio de su brigada-. Cargad a ese inútil en su caballo, y que alguien se encargue de que su montura nos sigue hasta que se despierte. Vamos a entrar en Dalash.

Espero que os guste =)
Saludos~



Última edición por Piltrafa97 el Dom Jul 29, 2012 1:46 pm, editado 6 veces

#2 Re: Dallian, la Guerra de los Tres Mundos. el Mar Feb 07, 2012 11:21 pm

Cuervoso

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Hay tantos post nuevos en este foro que no sabía por cual comenzar, en fin, como es tu primer post en esta parte del foro, te daré preferencia por esta vez. Ahora, al grano.

Aun que es solo un "Prólogo", la historia ya me parece muy interesante, al terminar de leer me quedé con muchas dudas sobre los personajes, además de querer saber cuales son las razones por las que Hueste quiere asesinar al Rey.

En cuanto a la redacción, esta está muy bien trabajada, además de que con esta haz logrado hacer la historia muy verosímil.

En cuanto a las faltas ortográficas, mientras leía solo encontré una:

-Naide atenta contra la vida del rey -espetó Corver desenvainando su espada plateada.

Ya sabes, seguramente era "Nadie".



Sin más que decir, solo espero que continúen trabajándola, ya que como dije antes, me pareció un historia trabajada e interesante, con eso, si logras hacer un buen desarrollo, seguro haces un trabajo genial.

Saludos!






Cuervoso! No te pases ¬_¬

#3 Re: Dallian, la Guerra de los Tres Mundos. el Jue Feb 09, 2012 3:53 pm

Aarl

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Ah, muchas gracias, debió de ser por escribir demasiado rápido :P
Hago el post para avisar de que ya he puesto el primer capítulo.

Gracias por la critica, y nos vemos =D
Chao!

#4 Re: Dallian, la Guerra de los Tres Mundos. el Vie Feb 10, 2012 4:37 pm

Aarl

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Capítulo II incluido, disfrútenlo! =)

#5 Re: Dallian, la Guerra de los Tres Mundos. el Miér Jul 25, 2012 12:35 am

Aarl

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Sí, hace mucho que no sigo escribiendo esta historia, pero rebuscando entre mis cosas la encontré, ahí en Word, y me dieron ganitas de seguirla =D así que acabo de escribir el capítulo III, listo para su disfrute!!

Comenten cualquier cosa!

Saludos~

#6 Re: Dallian, la Guerra de los Tres Mundos. el Mar Jul 31, 2012 11:38 am

Kululu

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Hey... Ahora que saqué un rato para leer, la historia me ha gustado mucho.

Primero... Los nombres, por algún motivo, me gustan. Creo que es más por el hecho de variar y no ponerle nombres japoneses a todos, que a la larga, llaman poco la atención.

Son nombres con carisma.

Después, la redacción está muy bien, y la historia también. El prólogo lo visualicé muy parecido a uno de los tráilers del Assassins Creed Brotherhood. Y me encantó Ópalo Contento

Espero que sigas actualizando la historia, Piltra cheers



     

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#7 Re: Dallian, la Guerra de los Tres Mundos. el Mar Jul 31, 2012 11:41 am

Aarl

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¡Gracias por tu crítica! No sabía que os iba a gustar tanto. Pero vuestros comentarios me animan a seguir escribiendo esto. De hecho, acabo de abrir el Word para escribir el capítulo 6 Ópalo Contento

Espero que disfrutéis de la lectura tanto como yo lo hago.

Saludos~

#8 Re: Dallian, la Guerra de los Tres Mundos. el Lun Ago 06, 2012 5:09 am

Cuervoso

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He leído todos los capítulos que me faltaban, y sinceramente me he quedado con ganas de seguir leyendo; esto me "obligó" a leer casi cuatro posts más xD.

Primero que nada, no me esperaba la cadena de eventos que han acontecido luego del prólogo. Lo que si me llamó la atención fue que, al inicio, el Rey quería a Huete muerto, y había amenazado a Corver para que lo haga. Aun así, después de esto, nunca se volvió a tocar el tema, aún cuando no lo habían atrapado, sino que le dieron otra misión bastante extraña xD.

Por otra parte, luego del capítulo II, pongo en duda quién es el verdadero protagonista; Huete o Corven. En cuanto a los demás personajes, tienen personalidades bien definidas, diferenciándose los unos de los otros, no siendo simplemente una "masa" xD.

La narración continúa igual de entretenida que al principio. Presentándose todo de forma bien detallada, aún así, no es "pesada" para el lector.

En fin, espero que continúes escribiendo esta historia, de verdad espero leer los próximos capítulos y ver como continúa.

Saludos!






Cuervoso! No te pases ¬_¬

#9 Re: Dallian, la Guerra de los Tres Mundos. el Lun Ago 06, 2012 5:52 am

Aarl

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Me alegro al comprobar que recuperaste la lectura atrasada Raven, pues en cuanto a los protagonistas he intentado crear una historia contada desde dos puntos de vista completamente antagónicos... No estoy seguro de si lo estoy logrando a la perfección xD

En cuanto al repentino olvido del rey hacia Huete, es debido a que primero, ya se lo encargó a Corver, y éste al rufián, lo que no he desvelado todavía es cómo se desenvuelve la pelea de éste y los dos asesinos. Y además, ya que el rey teme por su vida tanto por Huete como por su... Spoiler xD pues decide que la prioridad es encontrar un sucesor. Y para eso manda a sus más leales perros. Lo que voy a desvelar en los próximos capítulos es el por qué de muchos asuntos que he ido dejando (adrede o no) sin resolver. Pero eso, amigos, será en los próximos capítulos.

Para quien lo pregunte, el título quiero desvelar su por qué un poco al final de la historia xD

En cuanto a la redacción, gracias por tu crítica, lamentablemente, hay algunos lamentables errores de redacción (redundancias, palabras que quizás no encajaban, etc) de los cuales me suelo dar cuenta cuando lo he posteado y reviso un poco por encima lo que he escrito ^^U para las próximas entregas intentaré revisarlas minuciosamente antes de su correspondiente posteo.

Gracias por tu crítica Raven, el hecho de que lean tu historia y se vean interesados por ello es uno de los grandes placeres de la vida. Lo juro xD

Saludos~

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